EFEJoan Castelló València

La producción de Elektra estrenada en el Palau de les Arts de València ha supuesto una triunfal actuación de la soprano Irene Theorin que, como protagonista de esta ópera de Richard Strauss, ha llevado con maestría la venganza sin piedad de la que es capaz de planear una mujer contra su madre por el fuerte amor filial por el padre asesinado.

Con dirección de escena de Robert Carsen y escenografía de Michael Levine, la representación de Elektra se ha desarrollado en un ambiente cerrado, claustrofóbico, ya que la escena era una especie de cubo carcelario, entre cuyas paredes se desarrolla la dramática existencia de Elektra, aislada del mundo que la rodea y que solo vive para planear la venganza de su padre, el rey Agamenón, asesinado por Egisto, el amante de su madre, Clitemnestra.

La atmósfera tenebrosa y el negro tanto de unas paredes desnudas como del vestuario, únicamente quedaban contrastados por el cuerpo inerte y blanquecino, totalmente desnudo de Agamenón en brazos de Elektra, en los primeros compases de esta ópera en un solo acto, y por el blanco del vestuario y de la cama con la que aparece en escena Clitemnestra, como la diana con la que se remarcaba que era la destinataria de la venganza.

La soprano sueca Irene Theorin fue la gran triunfadora de la noche, pues encarnó a la perfección una Elektra dramática, con una portentosa voz llena de pasión y rabia, dispuesta a vengar en solitario al rey Agamenón, ante la creencia de que también ha muerto su hermano Orestes, que es quien debería dar respuesta a la denigrante ofensa familiar. "Sola para vengar al padre", afirmará. Incluso decúbito supino, su bella voz llegó a todos los rincones de la sala principal de Les Arts.

Con presencia ininterrumpida en el escenario durante las casi dos horas que dura esta ópera, Theorin derrochó cualidades vocales e interpretativas, junto al grupo de doncellas y bailarinas que completaban la desnuda escena, y que se apoyaban en los movimientos de brazos y en las sombras para expresar el drama interior que estaban viviendo.

La soprano americana Sara Jakubiak fue la otra triunfadora de la noche en el papel de Crisotemis, la hermana resignada y cuya mayor ambición es casarse y tener hijos ("soy mujer y quiero un destino de mujer", cantará en una de sus intervenciones), aunque al saber que Orestes aún vive, no dudará en unirse a la conspiración para terminar con la vida su madre y su amante.

El trío protagonista femenino se completa con Doris Soffel, la mezzosoprano alemana que encarna a Klytemnestra, la esposa de Agamenón, que vive atormentada por haber ordenado el asesinato del rey ("se puede morir en vida como carroña podrida", exclamará), pero que para tranquilizar su conciencia quiere acallar las voces que le pueden afear su fechoría.

Tres protagonistas femeninas que firmaron un duelo vocal de gran nivel, que mereció el reconocimiento del público, que llenaba la sala principal de Les Arts.

Junto a ellas, Derek Welton, el bajo-barítono australiano, fue un más que digno Orestes, que protagonizó un conmovedor dúo en su encuentro con Elektra, mientras que el tenor eslovaco Stefan Margita encarnó un correcto Egisto.

Marc Albrecht, el director musical, realizó una lectura brillante de una partitura impregnada del dramatismo y pasión que envuelven a este mito de la literatura universal creado por Sófocles. A las órdenes del director alemán, la Orquesta de la Comunitat Valenciana sonó a la perfección, con notable intervención de la sección de metal, gran protagonista de esta ópera de Richard Strauss de los primeros compases del siglo XX y con la que ya se perciben unos incipientes aires de modernidad.

Entre los asistente de esta obra, en la que se pone de manifiesto el valor de la mujer frente a la injusticia y la muerte, se encontraba el president de la Geenralitat, Ximo Puig, y el alcalde de València, Joan Ribó.