EFEValència

Hace tan solo cuatro años el joven portoriqueño afincado en Boston Jeremy Bosch soñaba con vivir de la música mientras amenizaba cenas en restaurantes para pagar facturas; ahora, con 28 años y tras acabar su formación musical en la Berklee Valencia, ha ganado su primer Grammy y ve "inevitable" idealizarlo.

Jermy Bosch (Puerto Rico, 1990) confiesa en una entrevista a EFE que se levanta a las seis de la mañana para poder compaginar su trabajo como cantante en la Spanish Harlem Orquesta y su proyecto en solitario: "No es fácil ser músico, pero llegar a la excelencia y permanecer ahí es lo difícil".

El trabajo tiene su recompensa en su caso, pues en la última edición de los premios Grammy, la Spanish Harlem Orquesta, una de las más importantes del mundo, ganó su tercera estatuilla, esta vez en la categoría de Mejor álbum tropical latino por "Anniversary" (2018).

"Cuando abrieron el sobre y dijeron nuestro nombre, la familia de los músicos empezó a gritar y a felicitarnos, yo estaba en shock", explica a EFE el cantante, que admite que lloró al bajar del escenario cuando tomó conciencia de que tenía en sus manos la estatuilla más codiciada del mundo de la música.

Gracias a su talento, con 17 años, este joven portorriqueño, que además de ser cantante, es compositor y flautista, recibió una beca completa para estudiar en el Berklee College of Music de Boston, donde realizó su formación musical como flautista, que culminó en la sede del prestigioso centro en València.

Volvió a Boston y una noche, en 2015, mientras cantaba como cada fin de semana en el restaurante Amor Cubano (Nueva York), Oscar Hernández, director de la Spanish Harlem Orquesta, que se había quedado sin vocalista, "entró, se sentó en la primera mesa y me empezó a oír", recuerda entre risas esta noche que le cambiaría la vida.

Puede que su voz y el sentimiento que le pone a unos ritmos que lleva escuchando desde niño, transportase a Oscar Hernández, también de Puerto Rico, a su ciudad natal, sin embargo ni el propio Jeremy Bosch tiene muy claro cómo ocurrió: "Es algo misterioso, supongo que sentiría la pasión que le pongo".

"Es algo parecido el flamenco, yo nunca intentaría cantarlo y hacer un atentado porque es como una religión, único, regional, la gente nace con eso", añade como única explicación que tiene para esa mágica noche.

Apenas tres años después, cumplía un sueño, aparecer en la lista de nominados a los Grammy: "Ver que compartíamos nominación con bandas a las que he admirado toda la vida fue un honor y casi un reconocimiento a mi carrera", asegura mientras recuerda los años "trabajando en la sombra".

Sin embargo, reconoce que no necesita un Grammy para valorar su trabajo y que fue a la gala sin expectativas de ganar: "Conozco gente más talentosa que yo que no tiene ninguno", explica a EFE sobre la noche que afrontó como "un escape de Nueva York tras los duros meses de trabajo".

Aun así admite que es "inevitable idealizar un Grammy" y recuerda esta noche como un "momento mágico", en el que tuvo el honor ver la exprimera dama de Estados Unidos Michelle Obama sobre el escenario y estar cerca de artistas que admira como Travis Scott.

Bosch, que ha revelado a EFE el lanzamiento de su nuevo sencillo en solitario, ve el Grammy como un reconocimiento a un trabajo hecho con el corazón, "un bono que te da exclusividad, valor y acceso para poder hacer los espectáculos que quieres y pedir el precio que mereces". EFE

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