EFEValència

Despedir a los muertos es algo casi innato a nuestra civilización pero también es una de tantas cosas que el coronavirus ha alterado, y el confinamiento para frenar los contagios impide el acompañamiento a los enfermos pero, también, los funerales o actos públicos de despedida a los fallecidos.

Eso puede derivar en la aparición de duelos "altamente complejos", según explica a EFE el psicólogo clínico del Hospital General de Valencia y emergencista, Mariano Navarro, quien considera "muy aconsejable" que una vez pase la pandemia, se puedan realizar actos formales de despedida de los seres queridos.

Detrás de las crecientes cifras de muertos por esta pandemia (más de 50 en la Comunitat Valenciana y más de un millar en toda España), hay personas, cada una con sus circunstancias, pero con, al menos, una cosa en común: no poder acompañar a sus familiares enfermos o dar una despedida digna a sus fallecidos.

A las muertes por el coronavirus se suman también las de aquellas personas que diariamente pierden la vida por causas naturales u otras enfermedades y que no son contabilizados en el recuento oficial de datos diario, pero que, en la mayoría de los casos, están sujetos a las mismas restricciones.

Según Navarro, especialista en duelo, pérdidas e intervención psicológica en catástrofes y emergencias, esta situación inevitablemente genera en los afectados "un importante estado de angustia e impotencia que conlleva la aparición de toda una sintomatología ansiosa difícil de controlar".

Pero sobre todo derivará en "la aparición de procesos de duelo altamente complejos condicionados por multitud de factores, entre ellos, la imposibilidad del acompañamiento final a tu ser querido y de poder despedirte del él en su proceso de muerte".

Esta situación conlleva un sufrimiento a dos bandas: en primer lugar para las familias afectadas, pero también para los propios enfermos, que se ven recluidos en unidades de aislamiento alejados de los suyos y sin posibilidad alguna de contacto.

Señala que los duelos provocados por efecto del COVID-19, a pesar de ser debidos a muertes por enfermedad, se encontrarían muy ligados a los duelos por accidentes o por cualquier otra causa generadora de muerte súbita.

"El tiempo que transcurre desde el diagnóstico de la enfermedad a la muerte, en aquellos casos en los que esta se dé, es demasiado breve, limitando por ello la posibilidad de realizar un duelo anticipatorio que en otras circunstancias sí pudiera darse", destaca.

Además, la necesidad de aislamiento del enfermo impide el contacto y la despedida, "dificultando la toma de conciencia de una realidad incuestionable".

Ante esta circunstancia y cuando el pronóstico del paciente sea desalentador, Navarro recomienda "empezar a tomar conciencia de la realidad" y, en la medida de lo posible, iniciar un proceso de despedida.

Esto puede hacerse "a través de acciones concretas, como escribir una carta que alguien pueda leer a su ser querido, grabar un audio aunque el paciente se encuentre sedado, o iniciar un trabajo interno que conecte ambos corazones desde la distancia y pueda generar un mínimo sentimiento de paz, cerrando cualquier asunto pendiente".

Otro de los factores que condicionará de forma negativa la aceptación de la realidad de la pérdida es la imposibilidad de poder celebrar ceremonias de despedida convencionales, debido a las indicaciones sanitarias establecidas para frenar la propagación del virus.

"No solo no voy a poder despedirme de mi ser querido en su lecho de muerte, ni tan siquiera darle un último beso, sino que además tampoco voy a poder ofrecerle una despedida cálida rodeada de los suyos", relata.

Y considera "muy aconsejable" que cuando pase esta crisis, cada una de las familias afectadas por una pérdida se plantee hacer actos formales o ceremonias especiales para "despedir adecuadamente al fallecido, rodeado de todo el amor de los suyos, pudiendo dar palabras al sufrimiento para evitar que éste quede instalado en el interior de cada afectado".

Navarro estima "irremediable" que en estos momentos los familiares se vean afectados por toda una serie de emociones asociadas a esta vivencia, que si posteriormente no son trabajadas "pueden generar heridas abiertas que condicionen de forma muy negativa la sana elaboración del duelo".

"La frustración, la impotencia, la rabia y la necesidad de justicia pueden irrumpir de forma muy abrupta en el superviviente, que tras la pérdida de su ser querido necesitará en muchos casos recibir explicaciones que calmen su sufrimiento y su dolor, buscando responsables", afirma.

Según advierte, será inevitable que los afectados demanden responsabilidades a aquellos que, bajo su opinión, podrían haber actuado de otra manera, previniendo las devastadoras consecuencias de esta pandemia, y evitando, posiblemente, la muerte de su ser querido. Por Carla Aliño