EFESergio Galmés Benicàssim (Castellón)

La vigésimo quinta edición del Festival Internacional de Benicàssim (FIB) acoge desde el pasado jueves la llegada del ejército "fiber" que, pese a ser de menor tamaño que en ediciones anteriores, se lanza a la conquista de "su propio Benicàssim" y escribe un año más de historia del festival.

"Durante estos días Benicàssim es para los "fibers", es su propio pueblo", asegura Silvia Herrera, zaragozana de 23 años de edad que lleva los últimos seis veraneando en el municipio castellonense, y añade: "incluso las discotecas del pueblo cambian la música que suelen poner para acercarse al gusto de los asistentes al festival".

No en vano, la vicepresidenta de la Diputación de Castellón, Patricia Puerta, ya reafirmó en la celebración del FIB Pro Startups del pasado jueves una de las máximas que siempre se pueden escuchar en los meses de verano al declarar la importancia de "poner en valor" del FIB para hacer "de la provincia una tierra de festivales".

Tanto es así que Benicàssim estaba preparado para la llegada de los "fibers" antes del pistoletazo de salida del festival, que concluye con la jornada de hoy, con varios eventos y alguna "pre-party" destacada para aquellos que ya estaban instalados en el camping o en el propio municipio, ya sea playa o pueblo.

Un desembarco marcado este año, según fuentes de la organización y como han podido confirmar varios vecinos del municipio, por la caída del número de asistentes al festival, así como por la paulatina y tranquila llegada de éstos durante los primeros días de la semana.

José Giovanny, propietario de un negocio de alimentación y venta de bebida, corrobora a la Agencia Efe el "descenso" de "fibers" de la presente edición, algo que no implica, para el hostelero, que deje de ser una época "de más oportunidades a nivel de negocio para el pueblo, eso es algo que no cambia".

Tampoco varía la facilidad con la que, paseando por la zona de playa o por la Avenida de Castellón, uno puede cruzarse con grupos de festivaleros cumpliendo los tópicos que les acompañan durante años: piel quemada, camisetas hawaianas, gorras de todos los tipos, disfraces de varios colores, ropa de baño o camisetas de varios equipos deportivos.

Los "fibers", la mayoría de ellos de origen británico, transforman no solo el recinto de fiestas, sino también la realidad de todo Benicàssim, desde la playa hasta el corazón del pueblo, consiguiendo que tanto negocios como locales se adapten a sus necesidades.

La hostelería se desdobla con menús en inglés y ofertas ya clásicas de festivales para acomodar a unos visitantes que se centran en patatas, pollo o pescado rebozado, arroz valenciano y paella, cerveza, sangría y, sobretodo, agua más que fría, según varios camareros tanto del pueblo como de la zona costera.

El FIB llega a condicionar incluso instalaciones algo más alejadas, como el parque acuático Aquarama, tal como asegura Daria María, trabajadora en el recinto desde hace varias temporadas, quien ha visto que "se nota un bajón de la clientela habitual, las familias del pueblo y alrededores saben la época que es y el ambiente que habrá, por lo que son días de menos trabajo".

"De todas formas, este año parece que haya menos gente que las ediciones anteriores", añade Daria, algo en lo que parecen estar de acuerdo los hosteleros y trabajadores de negocios de Benicàssim preguntados por Efe.

Para Andrés, propietario desde hace años de un negocio en plena Avenida de Castellón, "sí que hay menos "fibers" que otros años", algo que "se puede ver, por ejemplo, en los cajeros automáticos, este año no hay colas de más de tres personas cuando en años anteriores han llegado hasta a girar la esquina de la manzana".

"Puede que haya menos gente, pero siempre terminan notándose", apostilla, por su parte, Silvia Herrera, que destaca que "la diferencia de público" de este festival respecto al que atrae el Rototom Sunsplash y puntualiza: "este año veo un público muy joven que difícilmente pasa de los 35 años, en el Rototom existen familias y personas de mayor edad que atraen otro tipo de ambiente".

Respecto al mítico duelo entre los dos grandes festivales de la provincia, José Giovanny asegura que, aunque el pueblo está "más que adaptado" a acoger festivales, los vecinos de Benicàssim "prefieren la tranquilidad del Rototom por la cultura y la educación que trae con él".

Sin embargo, una alabanza al Rototom "no es un ataque" al FIB para el hostelero, que señala: "en tres años aquí no he visto ningún tipo de alboroto respecto al FIB ni nada realmente negativo en su ambiente".

Un FIB 2019 que, pese a ser el aniversario por su vigesimoquinta edición, "es el más flojo que he visto yo en 25 años, además con diferencia", asegura tajante Andrés, que entiende que "si el FIB es bueno, lo es para todos pero, si es malo, puede llegar a ser fatal".

De una forma u otra, con más o menos gente, los "fibers" siguen conquistando "su propio Benicàsim" durante otro año, más presentes en el municipio durante unas horas que en otras, puesto que a medida que desaparece el sol, ellos lo hacen con él.