EFEValència

Invitar a hacer una reflexión crítica sobre la inteligencia artificial más allá de los tópicos extendidos y de visiones reduccionistas es el objetivo de un nuevo ensayo divulgativo escrito por el profesor de Filosofía Enric Senabre y el doctor en Ciencia Cognitiva y del Lenguaje Vicent Costa.

Editado por la editorial valenciana Sembra Llibres, "Intel·ligència artificial. Com els algoritmes condicionen les nostres vides" analiza cuestiones como la aplicación de esta ciencia para seleccionar personal o asignar ayudas sociales, la opacidad de los algoritmos que utilizan Amazon, Google o Netflix, los 'bots' conversacionales o la robótica sexual.

REFLEXIÓN CRÍTICA

"Pretendemos ofrecer una visión crítica de la inteligencia artificial que vaya más allá de esa dicotomía reduccionista" que conforman, por un lado, "el optimismo ingenuo que afirma que el fin de todos los males llegará con el desarrollo científico de la IA" y, por otro, "la perspectiva apocalíptica que afirma que la Humanidad acabará en manos de la IA", señala Costa.

Los autores explican a EFE que han buscado abrir debates, sin opiniones categóricas ni defender una perspectiva concreta, e invitar a la "reflexión crítica" sobre las repercusiones sociales y éticas de esta ciencia que se aplica desde hace décadas a cuestiones cotidianas y que también ha tenido su papel en la pandemia de coronavirus.

"Hay mucho tópico sobre una especie de poder absoluto de la inteligencia artificial", señala Senabre, quien destaca que "el auténtico control es mucho más cotidiano" y se aplica en ámbitos como el trabajo, al contratar un seguro, en diagnósticos médicos o incluso en redadas policiales.

Cualquier persona que haya sentido curiosidad por cómo los algoritmos están presentes en nuestro día a día o que se haya preguntado sobre las repercusiones de la tecnología, es la destinataria de este libro, que además de analizar las investigaciones existentes plantea también propuestas.

GUERRILLA DIGITAL

Una de esas opciones es tomar partido por la "guerrilla digital": ante el control de las grandes corporaciones tecnológicas y su "armamento digital", mantener un combate democrático y ciudadano centrado en difundir información de cómo utilizan los algoritmos y de exigirles transparencia.

"No es una guerra abierta ni se puede hacer una oposición frontal a Google o Facebook, porque sería desequilibrada y la perderíamos, sino que se trata de ver cómo usan ellos los algoritmos y poderlos aprovechar con una intencionalidad más humanitaria, con conciencia", afirma Senabre.

Los autores reivindican asimismo la necesidad de una perspectiva ética: "Ninguna decisión trascendental puede quedar en manos de un algoritmo, siempre tiene que haber una supervisión humana y, en última instancia, ha de ser una persona la que decida; si no, el resultado puede ser catastrófico", indica Costa.

Senabre añade que la IA "no puede tener la última palabra en decisiones trascendentales donde está en juego la vida, un tratamiento médico o un lugar de trabajo", por lo que no se puede aplicar sin control humano, y augura que cada vez se impondrá más la "preocupación ética" por el uso responsable de esta tecnología.

UNA IA NO MUY ACERTADA

El libro recoge ejemplos en los que la aplicación de la inteligencia artificial no ha sido "muy acertada", como el programa de reconocimiento facial aplicado por Google Fotos para calificar las fotografías, y que clasificó como gorilas los selfis de dos jóvenes negros.

O el algoritmo que se usó en Estados Unidos para evaluar a los maestros con el fin de mejorar el sector público y acabó conllevando un trasvase al sector privado, ya que expulsó a los mejores al tener en cuenta solo los resultados.

Los autores también plantean el debate sobre una cuestión que aún se considera "tabú", la robótica sexual, y cómo puede casar con el discurso feminista, y recogen investigaciones curiosas, como la que pretende aplicar la IA para diseñar clasificadores de personas según su orientación sexual, a modo de un "radar gay".

Loli Benlloch