EFEGuzmán Robador Alicante

Entender el paso del tiempo y tomar decisiones son algunas de las habilidades que está adquiriendo un niño autista de 8 años que vive con sus padres, en plena huerta murciana, en la primera casa del mundo diseñada para ayudar a la inserción de una persona con este tipo de trastorno del desarrollo.

El concepto de arquitectura terapéutica se ha aplicado en esta vivienda, enclavada en la pedanía de Cabezo de Torres, tras un trabajo de investigación de cuatro años en el que han participado arquitectos, psicólogos, neurólogos, logopedas y la Asociación TEA Astrade (Asociación para la Atención de Personas con Autismo y otros Trastorno Generalizados del Desarrollo) de la Región de Murcia.

Recientemente galardonada en la categoría de accesibilidad en la XX edición de los Premios de Arquitectura de la Región de Murcia, cuyo acto de entrega tendrá lugar este lunes en la capital murciana, esta vivienda ha sentado las bases de una nueva metodología de habitabilidad que podría responder también a las necesidades de personas con Alzheimer, Síndrome de Down o discapacidad visual.

El planteamiento innovador y solidario de orientar la arquitectura en beneficio de estos colectivos, que en ocasiones sufren una exclusión social, tratando de comprender que hay otras realidades, las suyas, se ha materializado, hace ahora un año, en este hogar adaptado a un niño autista.

El profesor del Área de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad de Alicante (UA) Javier Sánchez Merina es el arquitecto de este proyecto, que surgió cuando una pareja joven con un hijo le propuso que le hiciera una casa unifamiliar en las afueras de Cabezo de Torres, porque en donde residían, un piso de la misma pedanía, el niño no se encontraba bien.

Tras ser informado luego por sus padres de que el pequeño era autista, Sánchez Merina les planteó entonces diseñar una vivienda cuyas estancias estuvieran proyectadas para ayudar al desarrollo del menor.

Un reto que obligó a llevar a cabo una labor de investigación en la UA, en colaboración con la Asociación TEA Astrade y con la ayuda de psicólogos y profesionales, entre otros, la islandesa Halldóra Arnardóttir, profesora honorífica de la Universidad de Alicante, experta en Historia de Arte y con la que Sánchez Merina había trabajado con anterioridad en temas vinculados al Alzheimer.

Hasta ese momento había escasa información sobre la aplicación de la arquitectura en los casos de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), ha revelado, en una entrevista a Efe, Sánchez Merina, quien el pasado mes de noviembre viajó a Seúl (Corea del Sur) para presentar y explicar la vivienda del niño autista.

De 150 metros cuadrados y dos plantas, esta casa, que consta también de un pequeño huerto y una piscina, se basa en el "fenómeno Ikea", pues "está estructurada con la ruta principal de la vivienda previsible, anunciado a cada paso la próxima estancia, cada una de ellas con una actividad determinada", ha descrito.

Dado que los autistas no tienen la noción del tiempo desarrollada, se han habilitado en el dormitorio del niño dos ventanas, una de las cuales está orientada al este y la otra al oeste, de manera que esta estancia se convierte en "una especie de reloj de sol", ya que el pequeño, cuando se despierta, ve el amanecer y, por las tardes, el ocaso, ha indicado Sánchez Merina.

Además, desde la cocina se puede contemplar el huerto, donde se cultivan tomates y verduras, lo que le permite detectar asimismo el paso del tiempo, al observar cada día cómo crecen las plantas, florecen, dan fruto y maduran.

A pesar de estar muy estructurada, la vivienda también posibilita al niño adquirir el bagaje de la elección: puede, por ejemplo, ir desde una de las estancias a su dormitorio por siete "atajos" distintos, cuyo uso debe ser previamente negociado por la familia.

Igualmente, "este hogar presenta los objetos de cada estancia con una visión frontal y lectura de izquierda a derecha, lo que facilita a la persona con TEA entender su entorno sin la ayuda de fichas con pictogramas", según un texto explicativo del proyecto.

Le enseña en "su contexto natural destrezas para ordenar procesos, como quitarse el abrigo y los zapatos al entrar en casa, la secuencia de lavarse las manos (...)", añade.

Pero la pregunta esencial es: ¿cómo está evolucionando el pequeño?

"Estamos en contacto con los padres y no paran de informarnos de lo bien que está funcionando. Ha evolucionado muchísimo y la familia nos ha enviado fotos en las que aparece riéndose (...), algo habrá ayudado la aplicación de este concepto de la arquitectura terapéutica", ha comentado Sánchez Merina. EFE