EFEValència

La empresa informática Upicus, con sede en el Distrito Digital de Alicante, ha creado una superplataforma que, aplicada en su máxima capacidad, según explican sus desarrolladores, podría contribuir a contener la pandemia y minimizar el perjuicio económico derivado.

El software Epicus, inspirado en programas de gestión empresarial desarrollados anteriormente por módulos, integra la capacidad de supervisar los contactos con posibles contagiados, establecer perímetros seguros y certificar la salud de usuarios particulares y establecimientos comerciales.

También puede dar órdenes claras y precisas sobre lo que se puede y no se puede hacer en cada momento o contrastar las soluciones médicas más apropiadas para cada paciente en tiempo real, entre otras acciones.

Según explica a EFE el director ejecutivo de esta firma, Juan Saussol, un equipo formado por 25 personas han trabajado intensamente desde que se empezó a adivinar la verdadera dimensión de la pandemia y el pasado 18 de marzo ya tuvo lista "una propuesta capaz de ser aplicada en la Comunidad Valenciana en siete días".

SOLUCIONES EXTRAORDINARIAS

“No queremos ser gurús de nada. Es el momento de unirse para combatir esta pandemia con las mejores armas -señala Saussol-, no nos damos por vencidos en el trabajo de convencer a las autoridades porque creemos que es el momento de dar un paso adelante en la prevención y la vigilancia; no me cabe duda que los gobiernos se moverán en este sentido" para buscar "soluciones extraordinarias".

Según el responsable de Epicus, resulta evidente que la plataforma funcionará mejor cuando más datos maneje, en una operativa que "no requiere ningún tipo de cambio legal para su funcionamiento" y que “garantiza el cumplimiento estricto de las leyes, porque de no ser así los usuarios se negarían a compartir sus datos y la aplicación no serviría de nada”.

El software en cuestión permitiría a cada usuario conocer si ha estado en contacto con personas infectadas o si ha visitado lugares que pueden haber sido declarados inseguros, siempre de forma anónima.

“Es una herramienta con la que se pudo gestionar la precrisis, se puede gestionar la crisis y la postcrisis. En esta aplicación cada rol, cada actor, recibe la información e indicaciones necesarias, se pueden activar autorizaciones para un determinado tipo de transporte, activar el confinamiento de quienes hayan estado expuestos a riesgos o permitir el acceso a unas determinadas instalaciones en función de nuestra situación personal", detalla.

Al mismo tiempo, "podemos compartir datos directamente con autoridades sanitarias sin saturar el servicio, informando cada uno sobre sus síntomas, de forma que el confinamiento podría haber sido mucho más eficiente".

"También los investigadores podrían lanzar o contrastar determinadas hipótesis -explica-. Comprobar qué tratamiento funciona mejor para un paciente diabético o hipertenso, por ejemplo. Los hospitales pueden adaptar sus protocolos en cada momento y comunicarlo a sus profesionales y usuarios y cualquier persona podría saber qué puede y qué no puede hacer, incluso podría preguntarlo a un robot en un chat automático".

Otros ejemplos de las posibles aplicaciones de esta plataforma sería la gestión de las ayudas públicas para autónomos o afectados por ERTE o el establecimiento de un sistema común y único para la gestión de las playas y el uso de estos espacios públicos.

PASAPORTE DE SALUD

En esta plataforma, cada persona dispondría de un “pasaporte de movilidad o salud” con códigos de colores (verde, amarillo y rojo) en función de los posibles riesgos a los que haya estado expuesto y conocería del mismo modo el estado de los lugares que visita.

“Creemos que un paciente en riesgo está dispuesto a ceder sus datos para que se le trate de la forma más efectiva posible. Creo que hemos entendido lo que es una situación de este tipo, tener miedo de ir a comprar, de haber estado cerca de alguien contagiado, y este sistema puede ser muy útil en este aspecto”, explica Saussol.

El funcionamiento de esta plataforma se basaría en las conexiones que son capaces de establecer los teléfonos móviles -"hasta el más rudimentario ‘smartphone’ valdría"- o bien se podrían utilizar unas pulseras electrónicas personales “que valen unos cuatro o cinco euros”.

El coste de gestión para la Administración sería inferior a un euro por usuario: "Hemos estimado que apenas un 1 % de todo lo que se ha invertido en esta pandemia", defiende.

INICIATIVA TECNOLÓGICA

“El cerebro de todos estos datos -que siempre permanecerían bajo la tutela de la Administración- no tiene por qué ser una instalación permanente. Se puede adaptar en caso de que su crecimiento sea exponencial”, detalla Saussol, quien ha recabado la colaboración de otras firmas especializadas en mantenimiento de grandes sistemas, como la francesa Atos, responsable entre otras muchas otras actividades de la gestión de las retransmisiones de los Juegos Olímpicos o de parte del sistema de emergencias 112.

En su desarrollo, además, se ha contado con personal de la Universidad Carlos III de Madrid y especialistas de otras firmas tecnológicas con experiencia en el manejo de datos de grandes superficies comerciales, como Neuromobile.

“Hemos llegado a exponer nuestras ideas en los centros de decisión de varias Administraciones autonómicas, pero creo que cuando lo hicimos estaban pensando en lo imprescindible, las mascarillas y los respiradores. Quizá ahora sea el momento”.

Y aunque admite que "esto suena a ciencia-ficción", está convencido de que Upicus puede "ayudar a salvar vidas y a minimizar las consecuencias negativas en caso de rebrotes".

Jordi Ferrer