EFEValència

El jurado ha declarado no culpables a los cuatro acusados del asesinato del joven Juan Pablo Langa, víctima de una ejecución cometida en 2004 en un descampado de Bonrepòs (Valencia) cuya investigación, que había sido sobreseída, se reabrió después de que uno de los inculpados confesara el crimen.

Aquella confesión espontánea ante la Guardia Civil fue protagonizada en 2017 por José Ángel P., que resultó asimismo acusado del asesinato.

La declaración provocó la reapertura del caso más de una década después del archivo, y la investigación se dirigió contra tres amigos del declarante y de la víctima, entre ellos uno de los más destacados luchadores de artes marciales mixtas de España.

Pero tiempo después, y en el momento de la verdad, durante el juicio, aquel hombre cuya confesión había arrastrado ante el jurado a otros tres inculpados retiró sus afirmaciones.

Aun así, otros indicios y pruebas periciales fueron siendo expuestas ante el jurado a lo largo de las sesiones del juicio que se ha celebrado en la Ciudad de la Justicia de Valencia.

Finalmente, el tribunal ha declarado no culpables a los acusados, en dos de los casos por unanimidad y en otros dos, con un solo voto en contra del fallo mayoritario. La magistrada ha absuelto a los inculpados inmediatamente.

La Fiscalía acusaba a los cuatro implicados del asesinato de Juan Pablo Langa, quien según el escrito de acusación fue fríamente ejecutado de un tiro en la sien en 2004, en un paraje del término municipal de Bonrepòs i Mirambell (València).

El fiscal dio credibilidad a la declaración que hizo José Ángel P. ante la Guardia Civil el 29 de marzo de 2017, cuando confesó la totalidad de los hechos y sus partícipes.

Contó entonces que le debía dinero a la víctima debido a la actividad de tráfico de drogas con la que ambos estaban de algún modo relacionados, por lo que ideó un sistema para robarle narcóticos y dinero, del que hizo partícipes a los demás acusados.

En ejecución de ese plan, confesó entonces José Ángel P., secuestraron y sedaron a Langa, para después de robarle, y con ánimo de evitar su venganza, conducirle, encerrado en el capó de un coche, a una zona despejada cercana al barranco del Carraixet, en Bonrepòs. Allí, en la madrugada del 28 de mayo, le dispararon en la sien y luego quemaron el cadáver.

Sin embargo, el jurado no ha considerado probado ese relato que hizo suyo el fiscal, y ha fallado que "no hay suficientes elementos externos que impliquen a los acusados en los hechos", por lo que los ha declarado no culpables de los delitos de asesinato y detención ilegal en concurso con robo con violencia y, en uno de los casos, también del delito de tenencia ilícita de armas.