EFEAsunción

El característico olor que desprende el "caranday poty" (flor de coco en guaraní), el más típico de los aromas de la Navidad paraguaya, inunda estos días el populoso Mercado 4 de Asunción, que rebosa de vendedores de esa y otras plantas típicas, así como pesebres y otros artículos navideños.

La flor de coco, alargada y llena de pequeñas semillas amarillas que continuamente se desprenden llenando el suelo del mercado de ese fruto, es uno de los productos más demandados en estas fechas, confirmó a Efe uno de los vendedores de artesanías navideñas, Rubén Sosa.

El artesano explicó que "como tiene linda fragancia" esa flor, que él y su familia recolectan de sus propios árboles situados en la localidad de Areguá, unos 30 kilómetros al norte de Asunción, "la gente también lleva para poner en la oficina y en la casa".

Añadió que "hay también una flor roja, que se llama flor de caraguata" que sirve para "adornar el pesebre".

Los pesebres tradicionales paraguayos, que el propio Sosa fabrica allí mismo, entre trago y trago de tereré para aliviar el intenso calor, están hechos con distintas maderas y pajas ya que lo habitual era, según dijo, que "cada uno se hiciera el suyo, pero ahora la gente ya no tiene tiempo para eso" y viene a comprarlos.

Normalmente, los pesebres, que pueden llega a costar hasta 600.000 guaraníes (unos 100 dólares), son de un solo uso y, a parte de las figuras de barro que representan el nacimiento de Jesús en la tradición cristiana, incluyen ofrendas de frutas como sandías o manzanas y mazorcas de maíz "para que haya más abundancia en la casa", indicó Sosa.

No obstante, en la actualidad lo más común entre los urbanitas paraguayos es adornar los pesebres con representaciones de esas frutas hechas también de barro, ya que la natural "se echa a perder" y "esta dura mucho más", indicó otra de las vendedoras del mercado, Magdalena Torres.

Torres, que lleva 40 años acudiendo cada Navidad al Mercado 4, también desde Areguá, pueblo con abundantes artesanos, puso la nota amarga a la variopinta y coloreada estampa que ofrece el bazar asunceno en diciembre, y explicó que ella y su familia "dormimos" en el puesto durante los dos meses que dura la campaña navideña.

En plena calle para evitar robos y porque no le sale a cuenta pagar el transporte a Areguá cada día.

Detalló que la señora que regenta el local junto a su esquina le "guarda el lugar" y después "la municipalidad viene más adelante" a cobrar la tasa por vender ahí, aunque confirmó que "no siempre le cobra".

Aseguró que no pagan impuestos por sus ventas porque aunque "algunos piden la boleta legal", "no podemos nosotros (pagar) porque es caro eso y somos pobres".

Por su parte, "ña" Simeona (abreviación de señora de origen guaraní), una de las más veteranas vendedoras de "yuyos", remedios naturales que se añaden al tereré, del Mercado 4, completa su puesto con abundante flor de coco y flor de palma en estas fechas, porque dice que "es lo que más se vende" en diciembre.

La mujer explicó mientras no dejaba de barrer las semillas desprendidas de la flor de coco que ambas plantas, a parte de adornar la casa en Navidad con sus olores característicos, "sirven para atraer la suerte".

Simeona comentó que, aunque "la gente sigue comprando igual" que hace 50 años, cuando comenzó a trabajar en el puesto, en Navidad "ya no piensan en lo más importante, que son Jesús y Dios".

Por ello, resignada, desde hace unos años vende también las típicas guirnaldas que sirven para vestir los árboles de navidad, cuya tradición está cada vez más arraigada en Paraguay.

Al igual que ella, la mayoría de los innumerables tenderetes que venden todo tipo de productos en el populoso mercado, reservan entre noviembre y diciembre de cada año, un espacio para vender los más variados artículos navideños, aunque la mayoría de vendedores coinciden en que "no son los típicos paraguayos".

Objetos como bolas de navidad, muñecos de Papá Noel, luces de colores y demás adornos para el árbol de navidad que los vendedores creen que hacen perder valor a la tradición navideña paraguaya, frente a otras tradiciones "venidas de fuera".

Alejandro R. Otero