EFESantiago de Chile

La construcción de gigantescos bloques de infraviviendas en pleno Santiago de Chile aprovechando un vacío legal ha desatado una guerra entre las autoridades, que se culpan mutuamente del desaguisado, y ha generado un debate sobre las pésimas condiciones de vida en una gran urbe.

"Estos edificios se construyen en Estación Central. ¿Donde está la escala humana y el espacio público? ¿Sabían que no existe plan regulador ahí?"

Este tuit publicado días atrás por el intendente (gobernador) de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, acompañado de una foto de los gigantescos bloques de hormigón con centenares de diminutos departamentos fue el origen de una viva polémica, no sólo en las redes sociales, sino también en el ámbito político.

Los megaproyectos, que Orrego denominó "guetos verticales", son 42 pisos con un total de 3.000 departamentos de 30 metros cuadrados y aceras de un metro de ancho. Ésa es la realidad a la que hoy se están enfrentando cientos de familias residentes en los cuestionados edificios.

Existen varios factores que explican el por qué se ha generado esta situación, explica a Efe el arquitecto y director del Centro de Estudios Espacio Público, Iván Poduje.

"Tenemos una Ley General de Urbanismo y Construcciones que es bastante genérica e impide regular aspectos precisos de los edificios", señala.

Para este experto en urbanismo, el caso de Estación Central es especialmente grave, porque este municipio santiaguino carece de un plan regulador, que es el instrumento utilizado para definir la normativa urbanística.

Esto ha generado que las empresas inmobiliarias se amparen en un vacío legal para "hacer lo que la norma dice, sin consideraciones propias de la ética o de lo que están dejando en la ciudad", detalla el arquitecto.

Pero las infraviviendas traen consigo numerosos problemas, como conflictos entre los vecinos, debido al hacinamiento, y la poca adaptabilidad a los cambios que ocurren en la ciudad o en la demografía.

Otro factor a considerar, según el director de Espacio Público, es el de la hiperdensidad. "En el caso en concreto de los guetos verticales se producen trastornos en el entorno, impactos viales y el colapso de las redes sanitarias (alcantarillado), entre otros problemas", señala.

Esta situación ya es una realidad en el área de los diminutos departamentos, donde la presencia de 40.000 nuevos vecinos y 3.000 autos más recorriendo sus calles es algo que no ha pasado inadvertido para el resto de los residentes del sector.

Los vecinos de las casitas bajas que rodean los gigantescos bloques de edificios han visto cómo las fachadas de sus viviendas se han transformado en improvisados estacionamientos, y las tiendas de la zona ya no dan abasto para la gran cantidad de nuevos consumidores.

Pero la denuncia realizada por el intendente Orrego no fue bien recibida por todos los residentes de los cuestionados departamentos.

El presidente del comité de administración del edificio Alameda Urbano, Rodolfo Fuentes, dirigió una carta abierta al intendente regional criticando sus comentarios, que consideró denigrantes hacia la comunidad.

"Esperamos que el señor Orrego desista de utilizar tan despectivos adjetivos, ya que además de reflejar un profundo clasismo, genera un estigma para los vecinos y desvaloriza nuestro pequeño y único patrimonio", señaló.

Para los inquilinos de estos departamentos, muchos de los cuales son inmigrantes que han logrado adquirir una vivienda propia con mucho esfuerzo, "el intendente ha aprovechado la oportunidad para promover lo que él considera digno, sin ponerse en el lugar de quienes viven en estos edificios".

Los moradores de los megabloques recalcan que estos departamentos representan la "oportunidad de acceder al sueño de una vivienda propia".

En opinión del arquitecto Iván Poduje, hablar de 'gueto' no es una discriminación, sino la descripción de una situación, y el deber de las autoridades es, precisamente, adoptar medidas cuando se está produciendo un fenómeno de "guetificación".

"Yo creo que a la autoridad le corresponde alertar de estas situaciones y corregirlas. La responsabilidad no es de las familias que ocupan los departamentos. Ellas no deben sentirse estigmatizadas".

Y como el caso del municipio de Estación Central es solo un ejemplo más de una situación que se repite en la Región Metropolitana, Poduje advierte de que "es muy importante que se pueda hacer un escaneo de dónde se producen estos problemas".

Para ello propone "corregir las leyes y los instrumentos, partiendo por modernizar los planes reguladores y establecer mayores exigencias".

Y también es esencial, concluyó, que la Cámara Chilena de la Construcción haga una autocrítica y condene las malas prácticas realizadas por sus socios, para así evitar que situaciones como las de Estación Central se vuelvan a repetir.

Catalina García Acevedo