EFERioja (Perú)

Los cuyes, también llamados cobayas o conejillos de Indias, los peces y las mariposas han formado una alianza en Perú para reducir la pobreza, como motores de varios negocios que incrementaron en más del 300 % los ingresos de miles de personas de una de las zonas más desfavorecidas y rurales del país.

Cerca de 40.000 habitantes de la norteña y amazónica región de San Martín pasaron de ganar 1,91 soles (0,58 dólares) a 6,85 soles (2,09 dólares) al día gracias al Proyecto Sierra y Selva Alta, según el Fondo Internacional de Desarrollo Agrario (FIDA), su principal financista junto al Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri).

"Aún no han salido de la pobreza pero han dado un salto tremendo en su situación económica porque ahora pueden cubrir los estudios superiores de sus hijos y han generado autoempleo y un mayor volumen de producción para su seguridad alimentaria. También han dejado de migrar del campo a la ciudad", explicó a Efe el coordinador ejecutivo del proyecto, Luis Sáez.

El proyecto invirtió 36 millones de dólares desde 2015 en financiar, equipar y dar asesoramiento técnico a unos 1.500 negocios de asociaciones locales, formadas en su mayoría por campesinos en condición de pobreza o extrema pobreza, ávidos por emprender alternativas al cultivo de arroz y café, las dos principales actividades económicas de la zona.

La joya de la corona del proyecto es un mariposario construido en Palestina, un humilde caserío de la provincia de Rioja, que se ha consolidado como una atracción turística de la zona para contemplar sus exóticos especímenes y conservar la biodiversidad de la región, donde conviven más de 5.000 especies distintas, algunas de ellas en peligro de extinción.

El criadero recibe un promedio de treinta visitantes diarios y está gestionado por la Asociación de Desarrollo Económico Sostenible Unidos por Palestina, integrada en su mayoría por mujeres, quienes junto a sus hijos cosechan los huevos de las mariposas, alimentan sus larvas y luego liberan las mariposas para repoblar la zona.

Tan simpáticos como las mariposas resultan los suculentos cuyes que optaron por criar campesinos del municipio de Yuracyacu, establecido como uno de los principales proveedores en la zona de este nutritivo roedor, tradicional y emblemático de la dieta andina.

Cada cuy de alrededor de 300 gramos lo venden a razón de 30 soles (9,20 dólares) y en su primera campaña lograron facturar más de 3.500 soles (1.072 dólares), un notable extra económico para lo que ganan con las cosechas de arroz, indicó a Efe Michel Santos, uno de los criadores.

En Nueva Cajamarca, muy cerca del mariposario, está la Asociación de Acuicultores del Valle del Alto Mayo, cuyos pescadores crían decenas de miles de peces típicos de la Amazonía como la tilapia, la gamitana, el acarahuazú, el paco (cachama), la carachama y el paiche, el segundo pez más grande de agua dulce, capaz de alcanzar los tres metros de longitud.

Allí el proyecto financió la compra de equipos para procesar el alimento para los peces, lo que permitió abaratar el costo de producción al pasar de comprar cada saco de 40 kilos en 240 soles (73,55 dólares) a hacerlo en 190 soles (58,22 dólares), según comentó a Efe el vicepresidente de la asociación, Alexandre Gamarra.

No solo hay exitosos negocios con animales sino también con frutos, como la Asociación de Emprendedores Agropecuarios Naranjos, de la localidad de Pardo Miguel, cuya planta para procesar harina de plátano estará pronto en condiciones de procesar hasta 15 toneladas mensuales.

Esa harina da valor agregado a las 40 hectáreas de plátanos que cultivan su veintena de socios, pues en lugar de sacar 5 soles (1,53 dólares) por racimo si vendieran la fruta sin más, obtienen 16 soles (4,90 dólares) tras secar el fruto, molerlo y venderlo envasado, indicó a Efe el administrador de la asociación, Jeimer Becerra.

Otras actividades que prosperaron con el auspicio del Proyecto Sierra y Selva Alta son el procesamiento de quesos y yogures talleres de carpintería, crianza de gallinas criollas y viveros.

El proyecto culminará en 2019 y el objetivo para entonces es que cada una de estas iniciativas sean sostenibles por sí solas para que puedan contribuir a la eliminación de la pobreza.

"En asociación es más fácil. También les daremos un apoyo en acceso a mercados. La sostenibilidad y beneficios de este tipo de ayuda reside en que tengan una actividad rentable, y la rentabilidad viene de la capacidad de articularse a mercados", concluyó Óscar García, director la Oficina de Evaluación Independiente del FIDA.

Fernando Gimeno