EFEJulieta Barrera Buenos Aires

A los 5 años ya le apasionaba el tenis, a los 15 un virus fulminante destruyó parcialmente sus riñones, por lo que fue sometido a un trasplante a los 20, y hoy, con 43, Ariel Baragiola es un consagrado tenista que representó a la Argentina en 12 mundiales y se prepara para el decimotercero.

A pocos días de que el Estado argentino reglamentara la llamada Ley Justina, que convierte en donante a todo mayor de edad salvo que en vida deje constancia de lo contrario, la historia de Ariel cobra relevancia al ser la cabeza visible de la entidad que promueve el deporte para personas que pasaron por un trasplante.

"Esta ley está buena, ha generado repercusiones en la sociedad, lástima que a veces sea ante la pérdida de una persona que está esperando por un órgano", se lamenta.

Baragiola se refiere a Justina Lo Cane, una niña de 12 años que falleció en 2017 sin encontrar un donante de corazón y cuyo padre impulsó la aprobación de la ley en agosto de ese año.

"Pero bueno, la situación es así y esto permitió que mucha gente pueda acceder a un trasplante y que muchos tomen consciencia", agrega.

Como tenista y presidente de la Asociación de Deportistas Trasplantados de la República Argentina (Adetra), en 2019 Baragiola se prepara para el Mundial para trasplantados de Reino Unido, porque asegura que es la mejor manera de agradecer y promover la donación.

Sin embargo, nada de esto lo imaginaba a los cinco años, ya que todo lo que entonces sabía era que quería jugar al tenis.

"Era una pulguita que iba con su raqueta al frontón gigante e invitaba a pelotear. ¡Hola!, me llamo Ariel ¿Puedo jugar con vos?", recuerda que preguntaba, pero regresaba sobre sus pasos y lagrimeando, porque por ser un niñito nadie respondía su ofrecimiento.

Su perseverancia y dedicación lo convirtieron en un tenista con gran futuro, que a los 15 años soñaba con ser profesional y ganar la copa Davis. Pero ese futuro iba a ser diferente.

Un día despertó en la terapia intensiva de un hospital tras convulsionar como consecuencia de un virus, y con su función renal al 50 %.

"Ahí empezó otra vida porque comencé a ir a médicos permanentemente, estudios, laboratorios, no podía comer con sal, no podía comer mucha carne, fue un cambio de golpe, sin comerla ni beberla", explica el deportista.

No obstante, con ciertos resguardos llevaba una vida relativamente normal, pero a los 20 años su salud había desmejorado y debió empezar con diálisis y pensar en la posibilidad de un trasplante.

"Fue un momento muy duro, hasta entonces nunca había pensado en eso", relata.

Cuatro horas, tres veces por semana durante ocho meses, se sometió a diálisis, hasta que el 16 de marzo de 1995 se efectuó el trasplante: "Mi madre fue la donante. Como digo yo, me dio la vida dos veces", remarca Ariel.

Un mes después del trasplante, retomó el entrenamiento.

Fue en uno de sus controles cuando vio un anuncio sobre los primeros "Juegos Argentinos para Trasplantados": "Inmediatamente me inscribí, participé en tenis y tenis de mesa y gané ambas competencias".

Baragiola sabía que de los clasificados algunos serían becados para representar a la Argentina en el Mundial para Deportistas Trasplantados, que ese año se realizaba en Sydney.

"Es el mundial que yo más recuerdo, es el que nunca me voy a olvidar", evocó. Allí se llevó la medalla de oro en singles y dobles... y "ya no le podía pedir más a la vida".

Veinte años después de su trasplante, en 2015, jugó su décimo Mundial y obtuvo tres medallas, pero esa no fue su única satisfacción. Ya era presidente de Adetra y a la par debió organizar el torneo en la ciudad costera de Mar del Plata, primera sede latinoamericana donde se realizaba.

Más allá de sus logros como tenista, con doce medallas de oro en individuales y once en dobles, Ariel afirma que el resultado deportivo en un momento llega a ser anecdótico: "lo interesante es poder lograr ese contagio en la sociedad, que vean que una persona que pasó por una situación límite de salud hoy está de repente, bueno en mi caso, jugando al tenis", asevera. EFE