EFEAsunción

Varias decenas de familias indígenas de la comunidad Mbya Guaraní han convertido la céntrica plaza Uruguaya de Asunción en un campamento, que muestra cada día a la ciudadanía de la capital el abandono que dicen sufrir por parte del Estado, al que exigen viviendas y alimentos.

Los indígenas, procedentes del departamento de Caaguazú (centro), llevan más de un mes conviviendo en esa plaza entre plásticos y sus propios residuos, resignados a unas condiciones de vida "peores" a las de su lugar de origen, con el objetivo de que el Gobierno les escuche y resuelva algunas de sus demandas.

Lo que piden, según explicó a Efe el representante del grupo, Eduardo Domínguez, es que el Estado "termine" las "42 viviendas" que comenzó a construir en su comunidad, pero que dejó inconclusas porque "se comieron el dinero", así como que les provea de "alimentos" para subsistir.

Como medida de presión, cada mañana realizan cortes de tráfico en las calles aledañas a la plaza, para después poner a punto o reconstruir sus precarias carpas, hechas con una lona de plástico negra sujetada por dos palos, que hace insoportable la estancia en el interior durante las horas de más calor.

Mientras los adultos preparan la comida en hogueras improvisadas, con el arroz, el pollo y otros alimentos "donados por la gente de la zona", los más de 20 niños que les acompañan en la protesta juegan despreocupados con los pocos juguetes desvencijados que tienen.

Por su parte, los jóvenes, en su mayoría varones, juegan al fútbol para matar un tiempo que en Caaguazú dedicaban al cultivo de la mandioca.

El agua la obtienen de una fuente pública de la plaza y hacen sus necesidades en los baños habilitados del lugar, previo pago de 1.000 guaraníes (0,17 dólares), mientras que para la higiene personal utilizan barreños.

A parte de los pocos que les ayudan con comida y enseres básicos como mantas o ropa, la vida de la plaza continúa inalterable y, acostumbrada a su presencia.

Así, la gente de la capital pasea a su lado sin percatarse de su situación, salvo aquellos molestos por la basura que generan y que permanece esparcida por la plaza.

Domínguez comentó que ante las "promesas incumplidas" de las autoridades trasladarán el campamento en los próximos días ante la sede del Instituto del Indígena (Indi), donde permanecerán "hasta tener una solución".

La titular del Indi, Ana María Allen, se refirió la pasada semana a los acampados en la Plaza Uruguaya como "los mismos de siempre" y aseguró que reciben la ayuda correspondiente.

"Los Domínguez", dijo Allen a los medios, "siempre piden chapas, kits de alimentos y ayuda social".

Además, Allen advirtió que no serán asistidos ni adjudicará proyectos del Indi a las comunidades indígenas que lleven a menores en sus protestas, ante el peligro de que enfermen.

A esas declaraciones, Domíngez explicó que acuden a la protesta en Asunción acompañados de los niños "porque no tenemos con quién dejarlos allá", en Caaguazú.

No obstante, la presidenta del Indi aseguró que el principal "eje" de su actuación es "recobrar la credibilidad de los indígenas hacia el Indi", en referencia a otro grupo de indígenas del departamento de Canindeyú (este), acampados en otra plaza asuncena, que piden su destitución.

Ese grupo de indígenas considera que Allen desconoce su función y no defiende sus intereses frente a las empresas que les desposeen de sus tierras para cultivar soja.

A pesar de que ambos grupos protestan al mismo tiempo y en plazas cercanas no unen sus voces, porque según dijo Domínguez, "las reivindicaciones son distintas".

En Paraguay viven cerca de 120.000 indígenas, de los que el 76 % vive en situación de pobreza extrema, según datos oficiales, debido especialmente al despojo de sus tierras.

Paraguay es el país con la mayor concentración de propiedad de la tierra del mundo, según Oxfam, ya que el 90 % de los terrenos está en manos del 5 % de propietarios.

Alejandro R. Otero