EFEMadrid

El 31 de julio de 1992, Miriam Blasco mereció un lugar preeminente en la historia del olimpismo español al convertirse en la primera campeona olímpica. Con su triunfo ante la británica Nicola Fairbrother, la judoca vallisoletana se puso al frente de las conquistas femeninas, poco frecuentes 25 años atrás.

"A mí me llena de orgullo, por supuesto, y sé que aparezco en los libros como la primera campeona olímpica española, pero al día siguiente lo fue Almudena Muñoz y luego las chicas de hockey y Theresa Zabell y Patricia Guerra. Sería injusto decir que solo fui yo. Creo que fuimos todas las mujeres de Barcelona las que abrimos las puertas al deporte femenino", cuenta en una entrevista concedida con motivo del 25 aniversario de la cita olímpica de Barcelona.

Su oro tuvo, sin embargo, una "parte dramática". "Sentí mucha satisfacción, pero no mucha alegría porque aquel podio estaba acompañado de una pérdida muy grande", recuerda Miriam Blasco.

Su entrenador, Sergio Cardell, falleció semanas antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona en un fatal accidente de moto.

- Pregunta (P): ¿Debe ser considerada la figura más importante del deporte femenino español por lo que significó su triunfo en los Juegos Olímpicos de 1992?

- Respuesta (R): Sería injusto decir eso. Yo creo que fuimos las mujeres de Barcelona las que tuvimos la suerte de abrir las puertas al deporte femenino español. A mí me llena de orgullo, por supuesto, y sé que aparezco en los libros como la primera campeona olímpica, pero al día siguiente lo fue Almudena Muñoz y luego las chicas de hockey y Theresa Zabell y Patricia Guerra.

Todas somos parte de la historia de lucha del deporte femenino. Son muchas las mujeres que han luchado y que se han ganado un sitio en la historia del deporte español.

P: ¿Cuál fue la clave de su triunfo?

R: Tanto Sergio Cardell como Josean Arruza inventaron un sistema de entrenamiento, que es el que yo luego usé con Isabel Fernández y Yolanda Soler, que ha dado muy buenos resultados. Yo obtuve lo máximo. Fui campeona de España, de Europa, del mundo y olímpica. Recuerdo que les decía a Sergio y a Josean que parecía un conejillo de Indias.

P: ¿La victoria lograda en Barcelona fue la más especial?

R: Sentí mucha satisfacción, pero no mucha alegría porque aquel podio estaba acompañado de una parte dramática, de una pérdida muy grande. En ese sentido, uno de los triunfos que más emoción me produjo fue el Campeonato de España de 1988 y después el Campeonato del Mundo que gané todo por ippon. Mirando para atrás, estaba Sergio y esos sí los pude compartir con él.

P: ¿Cómo reparó el dolor de su fallecimiento?

R: Para mí fue muy dura la pérdida de Sergio porque se mató con una moto que yo le compré a mi marido por haber quedado campeona del mundo. Lo peor de todo fue el tiempo que estuve con la culpa.

Pensaba que si no hubiera quedado campeona del mundo, no habría tenido el dinero para comprar aquella moto. Fue difícil, pero creo que en la vida también hay que aprender a aceptar las cosas. Josean Arruza, que era psicólogo, hizo una labor fantástica.

Además, yo al año de los Juegos de Barcelona perdí a mi padre. He estado rodeada de cosas que de una forma u otra me han obligado a ser fuerte. A superar esos momentos nadie puede enseñarte.

P: ¿Tuvo presente a Sergio Cardell en los Juegos?

R: Sí, en todo momento. Me acuerdo que además en Barcelona había una especie de tatami de calentamiento al borde del tatami central. Yo pedía salir un poco antes, porque todo el mundo gritaba '¡Miriam, Miriam!' y yo me ponía muy nerviosa. Aprovechaba esos minutos para cargarme con la energía de la gente y pensaba en Sergio. Recuerdo también que, cuando quedé campeona, me fui hacia las gradas y dije 'Sergio' al primero que me abrazó.

Todo el mundo empezó a chillar su nombre. Él estaba ahí, estaba ahí con todos nosotros.

P: ¿Fue la persona más influyente en su carrera?

R: Él me enseñó a creer en mí misma y siempre le estaré agradecida. Por eso quiero que la gente sepa quién fue. Fue la persona que me ayudó a conseguir lo que conseguí y si me alegro de haber ganado aquella medalla es porque veinticinco años después se sigue hablando de él. Ese es el mayor triunfo. Estoy satisfecha del tributo que le he hecho a Sergio Cardell.

P: Ganó por él, ¿y también por el deporte femenino?

R: Yo no tenía ni idea de que podía convertirme en la primera campeona olímpica de la historia. Estaba metida en la competición, en la vorágine y, sinceramente, creo que casi mejor no saberlo porque hubiera supuesto más presión. Al día siguiente sí, esa era la noticia y con el tiempo también. Pero yo siempre digo que fuimos las mujeres de Barcelona, todas. Está bien que la evolución del deporte femenino haya ido en esa dirección.

P: ¿Cuántas cosas han logrado las mujeres a raíz de su medalla?

R: Durante muchos años, las mujeres hemos luchado para que haya más ayudas y más visibilidad. En mi carrera política, una de mis prioridades ha sido luchar por la mujer deportista. Algún granito he puesto, sé que no muchos porque los éxitos les pertenecen a las deportistas, pero sí que de una forma u otra he querido que esa medalla que en su día gané sirviera para algo más.

En mi época, las mujeres deportistas jamás habríamos soñado con tener lo que las deportistas tienen ahora, pero creo que tampoco hace falta. Cada persona en su época tiene que ver las carencias que tiene y luchar por ellas. Me siento muy orgullosa de que ellas lo tengan y no creo que deban mirar hacia atrás.

P: ¿Le hubiera gustado participar en más Juegos Olímpicos?

R: Gané unos... ¡para qué quería más! He sentido siempre muchísima admiración por deportistas que son capaces de volver a motivarse por conseguir lo mismo, como Rafael Nadal o Isabel Fernández en judo. Yo había sido campeona de España, de Europa, del mundo y olímpica, ¿qué satisfacción me podía dar?

Además, como Sergio había fallecido, me puse a entrenar a gente. En Atlanta Isabel Fernández y Yolanda Soler consiguieron medalla.

Pasé a otro papel. A lo mejor sí que podía haber estado en otros Juegos pero ni los resultados ni la motivación eran los mismos. EFE

Lucía Santiago