De acuerdo con las Encuestas Nacionales de Salud de 2006 y 2012 existe una baja ingesta de micronutrientes en la alimentación de los mexicanos, situación que constituye un importante problema de salud pública.

Entre las principales deficiencias que presentan los niños están el hierro, zinc, vitamina A, vitamina D y ácido fólico. En el caso de adolescentes y adultos, hay una baja ingesta de minerales como el hierro, el zinc, el calcio y el magnesio.

“Hay que entender que una mala alimentación no sólo está vinculada al sobrepeso y la obesidad, sino también, a las carencias de micronutrientes en nuestro cuerpo, es decir, a la falta de vitaminas y minerales esenciales. Estas deficiencias provocan graves consecuencias a la salud, el crecimiento, el aprendizaje y la productividad de las personas”, aseveró Enrique Ríos Espinosa, doctor en salud pública y especialista en nutrición humana.

Una de las estrategias que se ha implementado para controlar la deficiencia de micronutrientes en los mexicanos es la fortificación de alimentos, que implica la adición dosificada de micronutrientes a los alimentos procesados, medida que ha resultado eficaz y sostenible. Su objetivo es mejorar la salud de la población en general, sobre todo de aquellos sectores que carecen de ciertas vitaminas y minerales esenciales para la salud.

Sin embargo, pese a los resultados favorables de la adición de micronutrientes, hoy en día el gobierno mexicano pretende obstaculizar la fortificación de alimentos procesados con la modificación del artículo 161 en el decreto de Reforma a Diversas Disposiciones del Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios.

La propuesta de modificación en cuestión dice: “No se podrán adicionar nutrimentos … ni a los alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados que cumplan con los perfiles nutrimentales establecidos para el etiquetado frontal de advertencia que establezca la norma correspondiente, a excepción de aquellos que deban adicionarse de manera obligatoria”.

Durante décadas, la fortificación ha sido empleada por países industrializados como medio para enriquecer los alimentos. En México, se han utilizado estrategias de fortificación de alimentos para reducir la deficiencia de micronutrientes en poblaciones vulnerables. Por ejemplo, autoridades de salud emplearon la yodación de la sal con éxito en todo el territorio nacional, la adición de flúor en ciertas regiones del país para prevenir la caries dental, así como la fortificación a las harinas con resultados positivos, tanto que las autoridades la hicieron obligatoria.

Expertos en salud mencionan que, de aprobarse dichas modificaciones al reglamento, podrían tener consecuencias negativas para la salud de los mexicanos, donde alimentos como los cereales de caja, el yogur, la leche y sus derivados y los productos de la panificación desempeñan un papel muy importante en la contribución a la ingesta de micronutrientes.

“Hoy en día, casi ningún alimento está constituido por un sólo nutriente y, por otro lado, no hay ningún alimento que, por sí mismo, proporcione todos los nutrientes necesarios para una persona adulta. Ante este panorama, la fortificación de alimentos resulta primordial para continuar con los esfuerzos en la mejora de la salud y nutrición de los mexicanos”, mencionó Luis Fernando Hernández Lezama, miembro del Consejo Directivo del Consejo Latinoamericano de Información de Alimentos y Salud (CLIAS)