EFETúnez

Construido en 1920 por la casa francesa Mutin Cavaillé-Coll, considerada la más importante del mundo, el órgano de la catedral católica de Túnez es el más grande y el único en servicio del norte de África.

Instalado e inaugurado tres años después, en época del protectorado francés, desde entonces ha sufrido varias restauraciones víctima del tiempo, pero también de la humedad de la capital tunecina, asomada al Mediterráneo.

La última, la que ha permitido cambiar ocho de sus fuelles e insuflar un aire nuevo que el concertista valenciano Juan de la Rubia, organista principal de la Sagrada Familia de Barcelona, convirtió anoche en un arcoiris de fantasía espiritual.

Invitado por la embajada de España y el Instituto Cervantes en Túnez, De la Rubia estrenó los nuevos fuelles en un templo centenario abarrotado que disfrutó con la música medieval de Antonio de Cabezón y del clasicismo intimista del padre Soler y Juan Sebastian Bach.

"Tocar un órgano Cavaillé-Coll como este es algo muy especial, siempre tocar un instrumento así es prácticamente como conducir un Ferrari, es además un instrumento histórico, un instrumento importante, en buen estado de conservación y un sonido fantástico", explicó a Efe De la Rubia.

El organista, nacido en Castellón en 1982 y que dirige el órgano de la catedral concebida por Antonio Gaudí desde hace seis años, subrayó las diferencias existentes con los instrumentos actuales, donde la transmisión se hace de forma electrónica por ordenador, aunque eso apenas afecta al sonido.

"En este caso tenemos un instrumento más tradicional, con la ayuda de mecanismos neumáticos que hacen que sea una gran máquina comparable a un avión, con la diferencia de que esta máquina compleja es capaz de emocionar, de transmitir cosas con la música", agregó.

De la Rubia, que ha tocado en lugares tan reputados como las catedrales de Leizpig, Berlín o Moscú, además del teatro Mariinsky y la Filarmónica de San Petesburgo, fue el elegido para comprobar la fiabilidad de los nuevos muelles creados por el restaurador francés, Bernat Colles.

"Ha tenido varias restauraciones a lo largo de su vida. La última, que ha sido una de las más importantes, empezó en el 2015 y terminó prácticamente este año cambiando algunos elementos que eran necesarios", explicó a Efe el padre Silvio, párroco de la catedral de Túnez.

"Había que cambiar, sobre todo, los fuelles que daban el aire para los distintos sonidos. Lamentablemente estaban ya muy deteriorados, algunos de la segunda restauración del órgano, es decir de unos 50 o 60 años atrás", agregó.

La obra ha supuesto un desembolso de más 12.000 euros y varios meses de trabajo, ya que se optó por hacer fuelles nuevos, de cuero, para evitar el principal enemigo de este instrumento centenario: el alto grado de humedad que sufre Túnez.

"Se han hecho justamente en cuero reforzado para que puedan resistir al tiempo y a la humedad. Se han cambiado los ocho" que estaban bajo los grandes acordeones del órgano, precisó el religioso, miembro de la comunidad misionera argentina del Verbo Encarnado.

La Institución regenta desde hace varios años la catedral de Túnez, erigida en el siglo XIX por orden del cardenal Lavilleri y consagrada a San Vicente de Paul, religioso francés, y Santa Oliva, una mártir Siciliana.

Levantada en el corazón de la capital, frente a la embajada de Francia y a escasos metros de la entrada al zoco antiguo, mezcla estilos tan peculiares como el neogótico, el neoclásico y el neoárabe, y es núcleo de reunión de la comunidad católica en Túnez, calculada en un uno por ciento.

Una importante parte de esa comunidad se concentró esta sábado en el templo para escuchar a la De la Rubia y dar inicio de alguna manera a las celebraciones de la próxima navidad, tal y como dijo en su discurso el director del Instituto Cervantes, Domingo García Cañedo.

En la misma línea, el cónsul, Luis Marina Bravo, destacó la implicación de España a la hora de "poner en valor" con las manos y los pies de Juan de la Rubia, la armoniosa belleza del único órgano que aún resuena en el norte de África.

Javier Martín