EFEBelgrado

Entrar en el Kafana SFRJ, un café en el centro de Belgrado, es iniciar un viaje en el tiempo. Un viaje a una Yugoslavia desaparecida en las guerras de la década de 1990 que en este local se recuerda con la nostalgia de un país mejor y de los buenos viejos tiempos.

Este kafana, el típico local yugoslavo donde se puede tomar un café o una cerveza, se llama "SFRJ" por las siglas en serbocroata de la antigua "República Federativa Socialista de Yugoslavia".

El local está adornado con banderas y un gran escudo nacional con seis llamas que representaban a sus repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia, todas ellas hoy países independientes.

Toda la decoración del local es un homenaje al desaparecido país. Viejos aparatos de radio, televisión o teléfonos fabricados en Yugoslavia hablan del nivel de desarrollo del país, y monedas de la época representan el nivel de vida que tenían sus ciudadanos, no ricos pero sí menos preocupados por la economía que ahora.

Abundan las imágenes de Josip Broz Tito, el líder autoritario que dirigió el país desde 1945 hasta su muerte en 1980. Su lema, "la fraternidad y la unidad", evoca para los visitantes un tiempo que se recuerda como de paz, tolerancia, prosperidad y seguridad.

"Este café es fenomenal. Ha preservado el espíritu de los viejos tiempos. Para mí, como arquitecto, el interior es muy atractivo con todos esos detalles de la antigua 'Yuga' bien dispuestos", declara a Efe Mile, de 29 años.

"Es muy interesante, y es un gran placer estar aquí porque nos permite sentir, a través de los detalles, al menos un trocito de aquel tiempo de la Yugoslavia de Tito", revela.

Mile, uno de los muchos jóvenes que visitan asiduamente el Kafana SFRJ, conoce Yugoslavia por las historias de su abuelo, un militar que le ha dejado en herencia la nostalgia por el desaparecido país.

"Dicen que era una dictadura, pero cómo es eso, si entonces todos estudiaban sin pagar, la educación era gratis y de alto nivel, la universitaria también. Era un país grande y potente en el que había disciplina, orden, trabajo y libertad", afirma.

A los clientes más veteranos, que fueron ciudadanos yugoslavos, les gusta tomar café o cerveza bajo la mirada de Tito desde las paredes y entre recuerdos de una época en la que, afirman, todos tenían garantizada la atención médica y sueldos y pensiones dignas.

Una estructura del bienestar que muchos en Serbia, y en otros países nacidos de Yugoslavia, difícilmente pueden concebir.

"Queríamos unir a todos los nostálgicos de Yugoslavia, la gente del antiguo país, en este pequeño y bello local", cuenta a Efe Dragutin Djekic, copropietario del café.

Djekic, de 34 años, pertenece a la última generación de los "pioneros de Tito", los alumnos del primer año escolar que debían jurar que serían personas buenas y sinceras y que protegerían su país, un texto que se puede leer impreso en la carta de bebidas.

"Nos llegan con frecuencia visitantes de las antiguas repúblicas yugoslavas. Somos un punto de visita obligatorio para ellos. También hay bastantes turistas extranjeros, sobre todo en verano", explica.

"Sienten por el país que era grande y fuerte, de amistades, de seguridad personal, con cuyo pasaporte se podía viajar por todas partes, en el que todos podían permitirse tener vacaciones en el mar. De todo eso hablan nuestros clientes. Y, cuando tienen una copa de más, cantan todos juntos", relata.

"Todo volverá un día, será como antes", anhela.

Vladimir Mesic, croata de 59 años, viaja con frecuencia a Belgrado por negocios y siempre pasa por Kafana SFRJ.

"Me siento relajado aquí, puedo reflexionar antes de ir a trabajar, encuentro calma. Y me alegra que el antiguo estado siga existiendo en un rincón. Este lugar es como un museo", dice a Efe, antes de reflexionar que "las fronteras pueden existir solo en las cabezas de la gente".

Otro cliente, Dragan Markovic, de Belgrado, considera que "si Yugoslavia hubiese sobrevivido en paz, la vida habría sido mejor que en Suecia.

Yugoslavia fue el país socialista más próspero y con mejores relaciones con Occidente. Más de un cuarto de siglo después de que comenzara a desmembrarse, aún son hoy constantes los desacuerdos entre las diferentes etnias, nacionalidades y religiones que la formaban, y entre los nuevos países que surgieron.

Snezana Stanojevic