EFETrípoli (Líbano)

"Kahwetna" ("Nuestro café") une a jóvenes de los barrios de Beb el Tebaneh, de mayoría suní, y Yabal Mohsen, principalmente alauíes, que durante años se enfrentaron en la ciudad de Trípoli (norte del Líbano) y ahora aprenden a conocerse y a superar sus diferencias.

El café se encuentra en la calle Siria, que marcaba la "frontera" entre ambos distritos durante los enfrentamientos que dejaron centenares de víctimas en el pasado y un área destruida y marginada.

Lea Barudy, fundadora de la ONG March, ideó este punto de encuentro después de haber unido a los jóvenes en una obra de teatro, "Amor y guerra en la azotea: un relato de Trípoli", una adaptación de "Romeo y Julieta" de William Shakespeare con protagonistas locales de los dos barrios rivales.

Barudy explica a Efe que, durante ese primer proyecto, se dio cuenta de que "los jóvenes tomaron el camino de la violencia no por motivos ideológicos, sino a causa de la pobreza, la marginación, la falta de esperanza en un futuro mejor y el sentimiento de injusticia".

Además, "no había ningún espacio donde pudieran encontrarse (en la ciudad) y aprender a conocerse los unos a los otros y a ellos mismos", así como tener un oficio y participar en actividades culturales, que es lo que les ofrece March.

La organización emplea a grupos de 70 jóvenes excombatientes, que van realizando proyectos temporales y contribuyen a la reparación de los establecimientos comerciales de la calle Siria, conocida antaño como la "calle de oro" por sus florecientes negocios.

Uno de ellos es precisamente "Kahwetna", abierto hace un año y medio y que, poco a poco, ha ido atrayendo a más público con sus actividades culturales, cursos de fotografía, idiomas, danza...

Las chicas han empezado también a acudir a esta cafetería, que reúne sobre todo a clientes que llegan desde la capital, Beirut, ya que muchos en Trípoli todavía temen sentarse en él.

"Manipularon a los jóvenes de ambos barrios, que son vulnerables, diciéndoles que su situación miserable era a causa del otro", asegura Barudy, quien revela que han recibido amenazas en algunas ocasiones o personas que "provocan problemas".

En el local trabajan cuatro camareros, dos de Bab el Tebaneh y dos de Yabal Mohsen.

Uno de ellos es Ali Hames, de 23 años, que empuñó las armas a los 16 años para dar de comer a su familia.

"Cuando murió un amigo, que era como un hermano, comencé a reflexionar y me di cuenta de que el 80 por ciento del conflicto es político y, cuando alguien se muere, nadie pregunta por él, más que su familia y sus amigos", relata Hames.

Otro de los camareros, Ahmad Chaabe, de 29 años, casado y padre de un niño de 3, considera que los políticos locales jugaron con ellos: "Fui herido varias veces y me di cuenta de que nos hacíamos daño en primer lugar a nosotros mismos".

Ahora, afirma que es consciente de que la gente de Yabal Mohsen es igual que la de su barrio y, gracias a la ONG March, pueden trabajar juntos.

Entre ellos también hay dos jóvenes libaneses suníes que fueron a Siria a luchar: Wasef Menad y Abdel Rahman Seided.

"Vimos lo que pasaba (en el país vecino) y regresamos. Gracias a March ahora estamos teniendo una vida", declaran a Efe.

Poco después del mediodía, el café se llena de las personas a las que March ayuda y a las que ofrece comida y bebida gratis.

También acude un grupo de diez chicas que asisten a un curso de dibujo y cuyas creaciones adornan los locales de la organización humanitaria, con la que colaboran personas de otras localidades del Líbano.

La profesora de dibujo, Joan Nassif, acude todos los días desde Beirut, a unos 80 kilómetros, para impartir sus clases y apoyar a estas personas que vivían en "una precariedad inaceptable", según sus palabras.

"Es una gran satisfacción para mi ver sus proyectos terminados y expuestos", señala.

Y añade que estos jóvenes podrían hacer "muchas cosas", pero "desafortunadamente los políticos de Trípoli sólo piensan en sus intereses personales y no en los del pueblo".

Kathy Seleme