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El poeta Rafael Adolfo Téllez, de hondo tono elegíaco y que ha hecho del campo y los pueblos el escenario de su poesía, ha dicho a Efe, con motivo de la publicación de "Nada con que volver" (La Veleta), su sexto poemario: "Me gusta la España vacía y sospecho que a Antonio Machado también."

"Nada con que volver" acaba de ser publicado por La Veleta, la colección granadina dirigida por Andrés Trapiello, con diseño del tipógrafo Alfonso Meléndez, que ya empieza a ser legendaria no sólo por su indiscutible calidad literaria sino por los años que ha ido cumpliendo.

"Paseo mucho por pueblos viejos. Acostumbro a pasear cada tarde por senderos de tierra atento a los árboles o a la lluvia que cae sobre los pedruscos sin pedir nada a cambio ¿Qué hermosura, verdad? Todo esto tiene habla; eso sí, la naturaleza habla bajito, como los sabios", ha dicho a Efe Rafael Adolfo Téllez (Palma del Río, Córdoba, 1957), para añadir tajante:

"Lo primero que tiene que aprender un poeta es aprender a sentir, y eso no te lo garantiza ser profesor en Oxford o dirigir ninguna cosa cultural o ser premio extraordinario de fin de carrera... Afortunadamente es así. Algo tienen que tener los que menos poder tienen; si no como iba a ser un pobrecito, un ser desvalido y gigantesco como César Vallejo quien escribió esos poemas que acompañan siempre a todo bien nacido que haya tenido la fortuna de leerlos".

"Y si no como iban a ser imborrables esas pocas palabras verdaderas del Antonio Machado de 'Soledades', ese hombre apocado que pasó tanto frío en Soria", ha añadido.

Téllez trabajó como tabernero, como locutor de una de las emisoras de Jesús Quintero y como guionista de televisión y ahora, recién jubilado como profesor de Literatura, dice que cada vez tiene "más respeto por los posmodernistas y los bohemios, por Emilio Carrere, por Evaristo Carriego al que tanto admiraba Borges... Son lo más parecido al tango. Y el tango es a veces la mejor poesía, escuchen si no 'El último organito', un tango escrito por Homero Manzi".

Como todo el mundo resalta la autenticidad de su poesía, Téllez ha explicado que "en un poema una mentira no sirve para nada; hay que hacer un ejercicio de despojamiento interior antes de escribir; sólo escriben buenos poemas quienes lo merecen; la poesía es en gran medida autobiográfica, y cada uno es cada uno.

Y sobre el tono elegíaco de tantos poemas suyos ha dicho que desde siempre le gustó "coquetear con los fantasmas", pero ha añadido: "Ahora que estoy más cerca de ser uno de ellos ya no me hace tanta gracia. El tiempo es un dios, cuidado con él. Su hacha es de seda, pero bien afilada".

Del amor ha apuntado que "quizás sea esa muchacha que se cruzó con nosotros a los diecisiete años y a la que uno no se atrevió ni siquiera a coger la mano y a la que no volvimos a ver o si la vimos ya andaba en otra cosa..."

La poesía de Téllez ha sido antologada por la Universidad Autónoma Metropolitana de México y por la editorial Renacimiento y el poeta ha asegurado que desde su primer libro "no hay lugar donde volver".

"No es posible volver al frescor de aquellos maizales cercanos a mi casa donde el niño que yo era soñaba todo lo por venir. Aquello era un imperio del que yo sólo era el dueño", ha añadido este hombre que celebra haberse jubilado como profesor de Literatura con una exclamación: "Menos mal porque la pobreza es a veces infernal, además de injusta".

Alfredo Valenzuela