EFEBerlín

El actor alemán Udo Kier, presente en la Berlinale con la película "La fiera y la fiesta", de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, asegura que jamás interpretaría a Adolf Hitler si no es en una comedia.

"Cuando hago de Adolf Hitler en comedias, siempre tengo que pensar en Charlie Chaplin, el dictador, pateando el mundo, porque nunca interpretaría a un nazi en serio, nunca lo hice y nunca lo haré, jamás", dijo en una entrevista con varios medios extranjeros, entre ellos Efe.

En Estados Unidos le han ofrecido hacer de Adolf Eichmann o de otros nazis y siempre ha dicho que no, pero en una comedía, como "Malditos bastardos", de Quentin Tarantino, sí que lo haría.

En "La fiera y la fiesta", Kier interpreta a Henry, que acude a la llamada de Vera (Geraldine Chaplin), una envejecida diva punk que llega a la República Dominicana para asumir la dirección de un proyecto inacabado de su amado amigo Jean-Louis Jorge (1947-2000), el cineasta dominicano.

El rodaje, no exento de conflictos y en el que la muerte hace acto de presencia, se convierte en una reunión de viejos amigos que recuerdan y rinden tributo a su amado compañero.

Kier aceptó el papel por varias razones: por la historia que cuenta, por la persona legendaria que fue Jean-Louis Jorge, en torno al cual gira la trama, el hecho de que nunca antes había estado en Santo Domingo, pero, sobre todo, para volver a ver a Geraldine Chaplin, a quien, aseguró, quiere realmente mucho.

El actor -conocido entre otros papeles por participar en varias películas de vampiros y en todos los filmes de Lars von Trier menos en tres- contó de dónde le viene en parte la fascinación por Geraldine Chaplin.

"Cuando la tuve en mis brazos por primera vez, por unos segundos estuve pensando: 'Dios mío, tengo en mis brazos a la hija de Charlie Chaplin'", bromeó.

Pero lo que le gusta de su apariencia física es que no hay rastro de botox ni de operación alguna, destacó.

"Es como un indio viejo, me gusta eso. No sigue los dictados de la gente en Estados Unidos, de las actrices que llevan tanta química en la cara que cuando hablas con ellas lo único que se mueve es la boca y los ojos, que apenas pueden mover a izquierda y derecha", dijo.

Él mismo, agregó, por el momento no tiene problemas por el hecho de envejecer, es un hombre sano y todavía se puede subir a un avión.

"Si miro una foto mía con 19 o 20 años me digo: 'Por dios, qué bien me veía'. Pero eso es el pasado, lo cual no quiere decir que ahora me tenga que encerrar en casa, cerrar las ventanas y correr las cortinas para que nadie me vea", zanjó.

Por Elena Garuz