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El periodista y cineasta Albert Solé estrena este viernes en Netflix "Examen de conciencia", una serie documental que busca poner cifras y sobrevolar a vista de pájaro el problema de los abusos sexuales de menores en la Iglesia española del que solo se conoce, asegura, la punta del iceberg.

A través de testimonios de víctimas, abusadores y expertos, el ganador de un Goya por el documental "Bucarest, memoria perdida" deja en evidencia un "patrón sistemático de encubrimiento" por parte de las autoridades eclesiásticas y apunta a que el aparente cambio de actitud del Vaticano es solo "cosmético".

"Al papa Francisco le va a pasar lo mismo que a Ratzinger. Allí donde intentan poner orden, se les hunde la estructura, el problema es de tal tamaño que no tienen las herramientas necesarias", afirma Solé en una entrevista con Efe.

PREGUNTA.- ¿Cuál es el origen de este proyecto?

RESPUESTA.- Desde que vimos "Spotlight" todos los periodistas quisimos hacer algo así. Es una elección de periodismo. El problema de la pederastia en la Iglesia española es muy grande y cuando lo ves a vista de pájaro como un sistema descubres que actúan como si hubieran leído todos el mismo manual de instrucciones, con las mismas tácticas de encubrimiento.

P.- Todos los casos que se incluyen en el documental eran conocidos; la novedad es que uno de ellos, Miguel Hurtado, pone nombres y apellidos al suyo, que sufrió con 16 años en el monasterio de Montserrat (Barcelona).

R.- Sí, buscábamos una figura que hiciera de hilo conductor. Miguel, como psiquiatra infantil y activista, tiene una capacidad de análisis y de expresión de sentimientos muy superior a otras victimas, y encima aún no había puesto nombre públicamente a su abusador (Andreu Soler, fundador de los 'scout' de Montserrat).

P.- El Gobierno está tramitando una ley que aumenta el plazo de prescripción de estos delitos, ¿es suficiente esta medida?

R.- Era necesario, este tipo de trauma suele tardar más de 20 años en aflorar. Otra cuestión es el de la oposición por parte de la víctima. Si no hay oposición, el juez lo considera un abuso menor, pero en estos casos nunca hay oposición manifiesta. Es un cura manipulando desde su superioridad, no solo como adulto sino también espiritual. A la nueva ley de protección de la infancia le falla esa parte.

P.- El documental denuncia que ha habido un patrón sistemático de encubrimiento por parte de las autoridades eclesiásticas. ¿No cree que el Vaticano ha empezado a cambiar su política?

R.- Lo cierto es que Benedicto dimitió antes de que le tocara, y otro hecho cierto es que en el gran caso de pederastia de Alemania el encausado es hermano de Benedicto. Aparentemente resultó ser un monstruo demasiado difícil de dominar.

P.- ¿Y el papa Francisco?

R.- Francisco viene con grandes palabras, crea una comisión antipederastia en la cual mete a dos víctimas, una de ellas, Pete Saunders, está en nuestro documental, y la otra es Marie Collins. Las dos dimiten al cabo de un año porque dicen que no sirve para nada y que es pura imagen. De momento, el cambio es solo cosmético, no se ha hecho casi nada.

P.- En febrero el Vaticano ha convocado una cumbre mundial contra los abusos, ¿qué espera de ella?

R.- Al papa Francisco le va a pasar lo mismo que a Ratzinger. Allí donde intentan poner orden, se les hunde la estructura, el problema es de tal tamaño que no tienen las herramientas necesarias. Nosotros contamos varios casos -La Bañeza o el caso Romanones de Córdoba-, que se resolvieron igual. Los afectados escriben al papa, se monta una comisión de investigación y se acaba exonerando a los abusadores. Siempre es lo mismo.

P.- A diferencia de otros países, en España no existe un cómputo oficial de estos casos, ustedes calculan que pueda ser un 7 % de los 18.000 religiosos que hay ahora mismo, ¿cómo lo calculan?

R.- Conseguimos que el portavoz de la Conferencia Episcopal se moje y asuma que ese 7 %, establecido en países como EEUU y Australia, puede ser aplicable en España. Eso implica más de mil abusadores en activo. No es una cifra oficial, pero es el portavoz de la conferencia episcopal quien lo asume, algo es algo.

P.- ¿El papel de la Iglesia durante casi cuatro décadas de dictadura aún pesa?

R.- Cuarenta años de dictadura y 40 años de democracia, porque el concordato con el Estado lo siguen teniendo. En estos 40 años podríamos haber hecho un trabajo igual que el de Inglaterra y como mínimo que las cifras fueran transparentes, para saber de qué hablamos, pero si nadie sabe nada y el portavoz de la Conferencia Episcopal se entera por los periódicos, mal vamos.

Magdalena Tsanis