EFEPriego de Córdoba (Córdoba)

El próximo viernes se cumplen noventa años de la elección del primer presidente de la II República, una dignidad que asumió Niceto Alcalá-Zamora, un político que tuvo sus reticencias para aceptar el cargo y que contará, con motivo de la efemérides, con la primera estatua de tamaño natural y cuerpo entero que se le dedica en estas nueve décadas.

Será en su ciudad natal, Priego de Córdoba, donde se situará la obra del escultor local Antonio Serrano, que lo representa sentado en un banco "para que quien quiera pueda fotografiarse con él", señala a Efe Francisco Durán, director del Patronato que gestiona la casa museo del líder republicano.

Durán se afana en el montaje de la exposición que acompañará la celebración en la que se muestran principalmente periódicos donde se recoge el boato de su toma de posesión el 15 de diciembre, un "ceremonial", como recoge el diario de sesiones de las Cortes Constituyentes de ese día, que llevó a imponerle el collar de la Orden de Isabel la Católica, creada en 1814 por un rey, Fernando VII, concedida por el Gobierno de Manuel Azaña.

Todo eso tras "el acto de promesa, porque así lo establecía la Constitución, no se podía optar sobre jurar o prometer”, precisa el historiador José Luis Casas, uno de los mayores especialistas en el período republicano en Córdoba y que explicará dentro de los actos de la conmemoración de "cómo se eligió a una persona que había dimitido de la Presidencia del Gobierno el 14 de octubre y, sin embargo, menos de dos meses después, el 10 de diciembre, es elegido presidente de la República".

Casas ha explicado a Efe que un grupo de partidos, socialista, radical-socialistas, radicales y autonomistas catalanes, auspiciaron la opción, que le plantearon "cuatro ministros que van a entrevistarse con él para proponerle que vaya adelante con su candidatura".

Más adelante, ha concretado, habló con el socialista Luis Jiménez de Azúa, presidente de la comisión redactora del proyecto de Constitución y que moriría como él en el exilio en Buenos Aires, y Azaña, que le había sustituido al frente del Gobierno tras dimitir por el tratamiento que daba la Carta Magna a la cuestión religiosa.

"Unos días después tiene lugar el acto de juicio contra Alfonso XIII en el que se plantean qué responsabilidades había tenido el rey en la dictadura de Primo de Rivera, donde interviene el 27 de noviembre y habla muy claro respecto a su posición sobre el rey y la monarquía y donde termina por hacer que muchos se decanten por apoyarlo", según José Luis Casas.

De todas formas, Alcalá-Zamora vuelve a tener "algunas dudas en los primeros días de diciembre porque piensa que algunos no lo apoyan lo suficiente, pero en una entrevista con Azaña se resuelven esas cuestiones", para ser elegido por 366 votos de los 466 diputados que formaban el Congreso y sobre los 410 emitidos (otros quince ausentes hacen constar su adhesión), conforme el diario de sesiones del 10 de diciembre.

El propio Alcalá-Zamora expresó en un artículo en el periódico francés 'L’ere Nouvelle', el 12 de enero de 1937: "Cuando fui elegido presidente de la República española, un escritor, muy de izquierdas en todos sus pensamientos, observó que yo había hecho más por impedir mi elección que cualquier otro candidato para asegurar la suya".

El artículo de 'L’ere Nouvelle' se recoge en uno de los volúmenes, editado en 2000 y titulado "Confesiones de un demócrata", de la obra completa de Alcalá-Zamora que alcanzará el número veinticinco con la presentación el jueves del dedicado a los discursos y entrevistas de 1930, una edición en la que se afana el patronato que cuida de su legado, "en la que se explica su idea de república y su paso al republicanismo" a través de sus textos, apunta Durán.

Casas recuerda que sus discrepancias no se centraban únicamente en la cuestión religiosa, "sino que siempre pensó que en las Cortes de la República tenía que haber una segunda Cámara" que ejerciera "funciones de contrapeso".

El noventa aniversario de su elección no solo servirá para que la figura de don Niceto se siente provisionalmente delante del Ayuntamiento de su ciudad natal -tras las obras que comenzarán en enero en la calle Río será trasladado a la puerta de la casa que le vio nacer-, sino también para el estreno del himno conmemorativo de la proclamación de la República que le dedicó en 1932 Roberto Cermeño, donado por su nieto al patronato.

Álvaro Vega