EFEMoscú

Niño de la guerra, amigo del director de cine y actor Andréi Tarkovski, con quien colaboró en "El espejo", el dramaturgo español Ángel Gutiérrez se codeó con la flor y nata de la elite cultural soviética hasta que tuvo que abandonar la URSS tras ser censurado por la "Pasionaria".

"Para mí, Tarkovski no era un genio, sino un amigo. Era un hombre con muchísimo talento, muy inteligente, pero con todos los defectos de cualquier otro hombre o incluso más", dijo a Efe Gutiérrez, fundador del Teatro de Cámara Chéjov de Madrid.

En la Unión Soviética alcanzó alturas reservadas sólo para los elegidos, ya que trató y educó a artistas idolatrados por varias generaciones de soviéticos, desde Tarkovski a Vladímir Visotski o Valeri Zolotujin.

Con ocasión del 80 aniversario del exilio español en la URSS, Gutiérrez volvió a Moscú, donde trabajó durante muchos años como profesor del Instituto Ruso de Artes Teatrales (GITIS) tras ingresar con un monólogo de Fuenteovejuna.

Pese a sus 86 años, guarda un nítido recuerdo de su primer encuentro con el director de cine, actor y escritor soviético en el restaurante Ararat poco después de que estrenara su primera película, "La infancia de Iván", galardonada con el León de Oro en Venecia.

"Me dijeron que Tarkovski quería conocerme. Lo primero que me preguntó es quién era para mí el mejor pintor del mundo. Yo lo dije que había muchos, entre ellos Velázquez, Goya y El Greco. Y él me respondió que el más grande era Piero de la Francesca", rememora.

Desde entonces, fueron amigos inseparables y se veían todas las semanas, encuentros bañados por el vino y las guitarras españolas, y en los que discutían apasionadamente sobre la vida, el arte y la política.

"Recuerdo cuando fuimos a ver "Andréi Rubliov" a los estudios Mosfilm, ya que estaba prohibida. Me emocioné muchísimo. Me arrodillé delante de él y le besé las manos. ¿Cómo un hombre como tú puede levantar todas esas montañas?, le dije", señaló.

No obstante, este niño asturiano nacido en Cuba nunca olvidó sus raíces. Estudió cine especialmente para rodar dos películas, "El Quijote" y "A la mar fui por naranjas" sobre la odisea de los "niños de la guerra".

"Fueron diez años de trabajo para que me dejaran llevarlo a la gran pantalla, pero no lo conseguí. Siempre me ponían pegas. ¿Por qué se van a España en el 56? Yo les respondí que no iba a quitar nada, que era mi vida", comentó.

Poco antes de verse obligado a abandonar la URSS con rumbo a España en 1974, un año antes de la muerte de Franco, supo finalmente por qué la obra más importante de su vida nunca pudo ver la luz.

"Me llamó un amigo y me dijo que no quería que me fuera sin conocer la verdad. El guión no lo hemos prohibido nosotros, ha sido Dolores (Ibarruri). No le gustó que en la película hubiera hambre y muerte. Para la Pasionaria en la URSS todos habíamos sido felices por decreto", asegura.

Llegado un momento, Tarkovski se ofreció a ayudarle a cortar el guión para que la censura soviética lo aceptara, mientras el cineasta preparaba "El Espejo".

"Cuando leí en voz alta el episodio de la salida del puerto de Gijón en el que me separaron de mi hermana de cuatro años, Andréi me pidió que le regalara ese episodio. Es tuyo, le dije", recuerda.

Después aún tuvo tiempo de ayudarle a terminar el montaje para llevar la cinta al Festival de Cannes. Fueron sus últimos meses en Moscú, ya que las autoridades "le hicieron la vida imposible" al prohibirle hasta cinco espectáculos, entre ellos "La casa de Bernarda Alba" y "El hombre de la Mancha".

"¡A Siberia con él!", le decían.

Tarkovski le regaló un libro de poemas de su padre antes de partir y le dedicó palabras de aliento, pero una vez llegó a París le dio la peor sorpresa de su vida.

"Me hizo saber que las autoridades le obligaban a cortar las escenas donde yo salía. Se enfadó y ahí terminó todo", asegura Gutiérrez.

Se vieron una vez más en Moscú, pero ya nada fue lo mismo. "No hay que hacer ídolos de las personas. Con todo, Andréi fue mi amigo, es mi amigo y lo será siempre", asegura.

"Él quería ir a Cannes y lo más seguro es que, si no aceptaba (cortar el guión), no le dejarían. Fue comprensible, pero desde el punto de vista humano no tanto", insiste.

El retorno a España fue traumático. Para los españoles era "el ruso". Sin un duro en el bolsillo, vivió durante seis años en el estudio de un pintor, José Luis Verdes.

"Me salvó la vida", afirma Gutiérrez, un estalinista convencido que no guarda rencor a Rusia.

Por Ignacio Ortega