EFEBuenos Aires

La novelista colombiana Ángela Becerra, ganadora del Premio Lara 2019 por "Algún día, hoy", carga en una charla con Efe contra los clichés que en su opinión sufre la mujer literata, ya que para ser respetada en el sector o se es "fea" y se va con una "bufanda raída" o si eres "bonita" eres "tonta".

"Si eres mujer y escribes sobre sentimientos, te pueden tildar como escritora romántica, pero entrecomillas romántica ñoña. Por ejemplo, 'El amor en los tiempos del cólera' es una absoluta novela de amor, pero, ¿le dijo alguien a (Gabriel) García Márquez que escribía novela romántica?", critica.

Pese a haberse consolidado como una reputada escritora -"Algún día hoy" es su sexta novela-, Becerra (Cali, 1957) no duda en exponer en un tono tajante que, para alcanzar el éxito literario, "desgraciadamente" las mujeres "tienen que remar mucho" y más especialmente si "quien escribe no es una escritora fea".

La autora confiesa que el hecho de ser mujer le ha conllevado a sufrir discriminaciones que la encasillan dentro del género "literatura femenina", lo que ella define como "un insulto", cuando "la literatura es universal y las mujeres leen más que los hombres".

Aún así, logra mantener los cuestionamientos a raya a base de escribir "como siente".

"Soy fiel a mí misma, no me boicoteo y más con los años, cuantos más tengo más segura estoy de lo que hago y más en consonancia conmigo", arguye.

A su juicio, las mujeres que se dedican a la literatura sufren estereotipos marcados: o "son feas y van con una bufanda raída con su disfraz de escritora" o si "es bonita es tonta".

El empoderamiento femenino es el hilo conductor de "Algún día, hoy", inspirada en un hecho real sobre Betsabé Espinal, una joven hilandera de 23 años que lideró la primera huelga femenina en una fabrica textil de la patriarcal Colombia de principios del siglo XX.

Becerra define esta obra como "un canto para la liberación de las mujeres y a la feminidad bien entendida" y además sostiene que en el tiempo pasado ya hubo otro feminismo que no se está "cargando" pero en el que considera que la mujer no "se respetaba a sí misma".

"La mujer empezó a captar comportamientos masculinos buscando ser respetada y eso al hombre no le gustó porque se veía desplazado. En este nuevo feminismo que representa al libro se está hablando de entregarle al hombre la posibilidad de sentir y de hacer una equidad real", puntualiza.

Previa a su trayectoria literaria, Becerra ejerció como directora creativa de una importante agencia publicitaria, pero renunció para dedicarse a la literatura. Así llegó su primer libro de poesía, "Alma abierta" (2001) y su debut en la novela con "De los amores negados" (2004), que logró consagrarla como escritora.

Oriunda de la ciudad colombiana Cali, procedente de un entorno humilde y aficionada a la literatura rusa y oriental, Becerra, quien ha sido denominada como la creadora de la corriente literaria "idealismo mágico", especifica lo importante que es la fantasía en sus obras.

"Como tenía una niñez bastante plana, aprendí a leer y a escribir bastante pequeña y para mí la ventana era la fantasía y la imaginación, así que empecé a escribir cuentos desde pequeña de una niña que le pasaba todo lo que a mí no me podía suceder", relata.

Optimista sobre la actual oleada del feminismo en Latinoamérica -en la que destaca Argentina, donde dice notar "mucha potencia"- piensa que discursos como los de Emma Watson y el movimiento #MeToo sirvieron para convertirlo en estos años en un asunto de la agenda actual, ya que "hoy más que nunca el tema está caliente".

Cada escritor se sirve de distintos métodos para su inspiración artística, y a veces solo se necesitan pequeñas casualidades para germinar una nueva historia, como le sucedió a Becerra, a quien le bastó con encender el televisor una noche de vigilia para entretejer la historia de Betsabé Espinal.

La novelista estaba trabajando en otra novela en 2013 y en un descanso en Cartagena de Indias, al encender la televisión de madrugada, se topó con un documental que describía el movimiento sindicalista de 1920 iniciado por Espinal, quien "curiosamente había quedado sepultada en el olvido".

La obrera denunció las condiciones infrahumanas a las que ella y sus compañeras se veían sometidas en la fábrica, donde no se les permitía llevar calzado, trabajaban más de catorce horas y muchas de ellas eran abusadas sexualmente por los capataces.

La joven murió con 36 años sin familia ni legado y Becerra se propuso "resucitarla".

"Siempre he creído que las historias al final te buscan a ti", confiesa la escritora colombiana, que cuenta que la historia "la sedujo inmediatamente", lo que le condujo a desechar su anterior proyecto y a documentarse sobre la hilandera, proceso que le llevó seis años debido a la escasa información sobre el acontecimiento.

Por Carmen Herranz