EFEMadrid

Anna Alarcón lleva veinte años trabajando, pero este año -tan raro-, llega por fin a un festival de cine; es más, hará doblete en el de Málaga, donde protagoniza "A este lado del mundo", de David Trueba, y "L'ofrena", de Ventura Durall, una "primerísima vez" con toda la energía concentrada en el futuro.

En una conversación con Efe, esta catalana, que roza los cuarenta, explica que no se planteó salir de Barcelona porque nunca le faltó trabajo, pero ahora le apetece mucho dar el salto: "Me siento preparada y tengo ganas de abrirme a nuevos horizontes".

En junio se mudó, casi escapando de la ciudad, a un pueblecito de L'Empordà donde convive en un caserón con cuatro amigos; mientras habla con Efe, se cuela el sonido de las doce en el campanario de la iglesia. "Y desde esta misma ventana, veo el bosque", cuenta.

Acaba de terminar el rodaje de "El inocente", para Netflix, con Oriol Paulo, con quien hizo en Barcelona una de sus series más conocidas, "Nit i dia", y está preparándose un monólogo que espera estrenar en octubre.

Su carrera incluye sobre todo obras de teatro, pero este mismo mes llegará al Festival de Cine de Málaga, que se celebra por primera vez en agosto a causa de la pandemia.

"Me cogen nervios, me entra cosilla en el estómago", revela a EFE.

Es la primera vez que acude a un Festival Oficial "la primerísima vez -enfatiza- y no tengo ni idea de cómo va a ser; sé que me voy a poner nerviosa en el estreno, pero bueno, estaré muy bien acompañada".

Y por partida doble, porque estará en Zonacine, donde compiten las joyas más atrevidas de los directores, como esta de Ventura Durall, "L'Ofrena" (La ofrenda), donde Alarcón es la "viga" que sostiene la casa, y en la Sección Oficial, debutando con David Trueba en "Al otro lado del mundo".

"Son dos proyectos absolutamente diferentes, pero siento que coinciden en que cuentan cosas muy necesarias, la de David -dice-, habla de un problema tan complejo que no tiene respuestas: la inmigración. Y, de una manera muy sencilla, con una pequeña historia, formula el problema caleidoscópico que hay aquí".

En "Al otro lado del mundo", Alarcón es una guardia civil de permiso que hace de cicerone al personaje de Vito Sanz, un ingeniero de puentes y caminos al que van a despedir de su empresa en Madrid "y le dan la opción de ir a Melilla a hacer la valla más compleja para que el salto sea más difícil".

"Espero que al ver la película la gente reflexione sobre cómo vivimos", afirma.

Sobre "L'ofrena', la segunda obra de ficción del documentalista Ventura Durall, dice que es "un viaje hacia una liberación"; quizá por eso "da mucha rabia el final, pero es muy sanador para ella", considera.

Ella es Violeta, una mujer bien posicionada, psiquiatra, madre de dos niños pequeños y felizmente casada, que esconde una grave herida que ha ido tapando durante años "de mil formas, hasta con fármacos".

"Desde fuera ves claro que no debe seguir por donde va, pero cuando se vive una relación tóxica, de enganche -tiene mil quinientos nombres, apunta Alarcón- es que se te lleva por delante, es como una marea".

A la catalana le dan la réplica, igual de convincentes, Álex Brendemühl, Verónica Echegui y Pablo Molinero, un auténtico "robaplanos" cuyo papel "creció y creció con los matices que le iba metiendo" el protagonista de "La peste".

Alarcón habla cuatro idiomas; se graduó en interpretación en el Col.legi de Teatre de Barcelona en 2000 y desde entonces no ha parado de estudiar. A su formación artística ha sumado recientemente el bikram yoga.

"Cada mañana hago meditación y empiezo el día con autopráctica de yoga; me ayuda mucho y encaro mejor el día", asegura, también en la parte física.

Anna es muy delgada, atlética y elástica a la vez, aunque lo que primero ves son sus ojos: tiene una mirada que puede helarte la sangre o provocar un abrazo instantáneo.

"La verdad es que me gusta poder abarcar personajes que tengan esas dos cualidades; pero es que yo tengo un poco de cada cosa, tengo los dos extremos", confiesa entre risas, a la vez que se felicita de que su cuerpo le permita "salir del estereotipo de personajes femeninos", algo que no necesitan los hombres, considera.

"Cada vez se hacen más personajes femeninos desde este otro lugar y si yo puedo participar para contar a estas mujeres que pasan de lo más frágil a lo mas duro, pues maravilloso", zanja dulcemente.

Y, con esa duplicidad de la que habla, pasa a reivindicar que las mujeres no deben esperar a las oportunidades: "Hay que hacer, ir -dice-, cambiar el paradigma desde la acción. Y crear nuevas realidades, es la única forma", considera.

Más ahora, que la pandemia tiene atenazado a medio mundo. Alarcón recomienda "no enfocarnos en el miedo, sino en las ganas", y "tirar adelante, que nada de esto nos paralice".

"Evidentemente hay medidas que tenemos que respetar, pero es tiempo de generar proyectos, de no parar. No mirar hacia la mascarilla sino mirar para otro lado, hacia nuevas realidades, pero nuevas de verdad", aconseja.

Por Alicia G.Arribas.