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"Annette" es un musical y un drama pero también una historia intimista y, sobre todo, una locura en la que Leos Carax ha implicado a Adam Driver y Marion Cotillard, y con la que ha construido una película inclasificable, excesiva y brillante, que llega este viernes a las salas españolas.

Driver es Henry, un famoso monologuista, casado con Ann, una no menos famosa cantante de ópera. Su vida es perfecta mientras el éxito de los dos va a la par. Pero el nacimiento de su hija, Annette, cambia completamente la situación.

La película "habla de un mal marido, un mal padre, un mal artista, pero no tiene una mirada indulgente. No filmamos un juicio", señaló el director en una rueda de prensa en el Festival de Cannes después de que "Annette" inaugurara oficialmente la 74 edición del certamen.

Con guion y música de los hermanos Ron y Russel Mael, integrantes del grupo Sparks, el francés Carax decidió trabajar el filme como su fuera una ópera: "Recibes el libreto y luego intentas crear un mundo".

Una historia sobre envidias, amor y rencor, en la que también hay espacio para los abusos y la explotación y para una abierta crítica a Hollywood, a la búsqueda del éxito a todo precio y a sus escándalos.

"Todos tenemos necesidad de reconocimiento. Ese aspecto de la película me resultaba muy interesante. En mi vida personal ha sido un tema muy importante el porqué necesitas ser querida por tanta gente que ni siquiera conoces, y cómo eso puede desarrollar tu confianza pero también destruirte, sobre todo si no te quieres lo suficiente", dijo Cotillard en Cannes.

La actriz vuelve a cantar para un filme tras interpretar a Édith Piaf en "La vie en rose" -papel que le valió un Óscar- y para Driver tampoco es la primera vez que canta en una película -ya lo hizo en "Historia de un matrimonio" (2019)-.

Pero en esta ocasión es algo muy diferente para los dos. Es un musical a la antigua usanza en el sentido de que narra la película con las canciones. Y es a la vez moderno y rompedor con unos cambios de ritmo y escenario con los que Carax no deja de desconcertar al espectador.

La película empieza con una escena de baile y canto coral en la que Driver y Cotillard, rodeados de más personajes, introducen a la pareja protagonista. Nada que ver con el inicio de "La La Land" (2016) pero un poco sí se acerca.

El desarrollo de la primera mitad, con escenas paralelas para mostrar a los dos protagonistas, entra hasta en lo tradicional. Pero la llegada de Annette -interpretada por una muñeca de madera que recuerda al Pinocho de Matteo Garrone, vuelve a cambiar radicalmente el estilo.

Driver está sensacional como genio que va cayendo cada vez más en la locura en una película compleja, que ha recibido el aplauso unánime de la crítica pero que no gustará a todo el mundo.

Hay que enfrentarse a ella sin prejuicios y dejándose llevar por su hipnotismo y por los brillantes fuegos artificiales que ha preparado un director tan excesivo como sus películas. Solo hay que recordar "Holy Motors" (2012) antes de entrar en la sala de cine.

Alicia García de Francisco