EFEBuenos Aires

Un dedo gigante que señala a la multitud en la estación o trompetas que utilizan el viento para imitar el canto de las ballenas son algunas de las propuestas de la Bienalsur, un "sueño" impulsado desde Argentina para romper fronteras mediante el arte que se realizará en 16 países del mundo.

"En un mundo donde los muros están todo el tiempo en construcción, el arte y la cultura pueden ser recursos para pasar esos muros y avanzar sobre aquello que nos permite dialogar", dijo hoy a Efe Diana Wechsler, la directora artístico-académica de la que es la primera Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Suramérica.

Tras la presentación del evento a la prensa en Buenos Aires -donde se inaugurará oficialmente el próximo 1 de septiembre-, Wechsler reveló que con los trabajos de 300 artistas, que se expondrán hasta diciembre por 32 países, buscan destacar aquello "que nos hace similares pero no iguales" para reivindicar, así, la tolerancia a las "diferencias".

Con esto en mente, la iniciativa, organizada por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) de Argentina, aprovecha las tecnologías para tratar de eliminar barreras y que el arte sea accesible para todo el mundo.

En ese sentido, se desarrolló una aplicación de realidad aumentada que permite estudiar todas las obras expuestas, independientemente del país en el que se encuentren, o las denominadas "ventanas", que permitirán que a través de una pantalla táctil se pueda visitar e interactuar con cualquiera de las sedes de la Bienalsur.

Además, con el fin de atraer otras miradas más jóvenes, se creó el videojuego "Willitu", con el que se podrá recorrer la ciudad virtualmente y encontrar las obras "escondidas", mientras el usuario trata de ascender del rango de aficionado al de curador.

"Son muchísimos estímulos. Nuestro mayor ideal es hacer de cada proyecto un espacio de pensamiento que permita desarrollar una mirada crítica, romper la inercia cotidiana", afirmó Wechsler.

En esta línea, además de las herramientas digitales y las decenas de museos, centros culturales y universidades que ocupará en todos los países participantes, en Argentina la muestra realizará un gran número de intervenciones en el espacio urbano.

Algunas de las más destacadas son la del francés Christian Boltanski, quien instalará en la Patagonia una especie de trompetas que imitan los huesos de una ballena y que se servirán del viento para reproducir el canto de este animal, o el proyecto "¿Quién fue?", de la argentina Graciela Sacco, que consiste en un dedo gigante ubicado en estaciones de tren con el que apunta a los viajeros.

Además, con "PETS", el brasileño Eduardo Srur colocará esculturas flotantes creadas a partir de botellas gigantes en varias vías fluviales del país para invitar a los ciudadanos a reflexionar sobre la contaminación del agua.

A esto se suman exposiciones que buscan promover la comunicación y la inclusión de sectores en situación de vulnerabilidad, como es el caso de la iniciativa "Turn" del japonés Katsuhiko Hibino o los talleres con adolescentes que residen en asentamientos precarios de Buenos Aires realizados por el reconocido fotógrafo iraní Reza Deghati.

Mientras, el argentino Charly Nijensohn tratará de transmitir las experiencias "intensas" que ha vivido para que el público pueda experimentar el día a día en lugares recónditos y, en ocasiones, olvidados, donde los misterios de la naturaleza son los principales protagonistas.

Con ello en mente, acercará al Centro Cultural Kirchner de Buenos Aires una videoinstalación de cinco pantallas en la que mostrará la vida de una comunidad en el salar de Uyuni, en Bolivia, parte de un diario de viajes en el que lleva trabajando cuarenta años.

"Lo que estuvimos haciendo no se puede contar, hay que experimentarlo. Vivimos en el desierto durante unos veinte días, trabajando de noche a la luz de las estrellas", contó a Efe.