EFELisboa

La celebrada técnica del azulejo portugués, que retrata la historia lusa de los últimos siglos, busca reconocimiento internacional con una candidatura a Patrimonio cultural de la Humanidad.

El Gobierno portugués anunció su intención de amparar una candidatura a la azulejería lusa, que, en caso de ganar, se uniría a otras dos manifestaciones culturales aprobadas en el último lustro por la UNESCO: el Fado, en 2011, y el canto Alentejano, en 2014.

"El azulejo es un rasgo de identidad de la cultura portuguesa, y es increíble cómo los extranjeros se dan cuenta inmediatamente de esa relación", manifestó a los medios la directora del Museo Nacional del Azulejo, Maria Antónia Pinto de Matos.

Los azulejos decorativos -pintados en azul y blanco- son un rasgo artístico de ciudades portuguesas como Lisboa, donde se encuentran en las fachadas de casas y hasta en estaciones de metro.

Inspirados por la llegada de los primeros ejemplares de azulejos decorativos desde Sevilla (España) a finales del siglo XV, el azulejo portugués desarrolló su propia identidad a partir del XVI.

Bajo la influencia de la Hispania árabe, de Flandes (actual Holanda y Bélgica) e incluso de la porcelana china, los azulejos lusos se extendieron impulsados por los encargos de la realeza, la aristocracia y el clero del país.

En el siglo XVII, el arte del azulejo estaba tan asentado que ya comenzaron a crearse las primeras escuelas, en las que había muchos artistas con formación académica en pintura.

Allí nace el "Ciclo de los Maestros" en la cultura del azulejo portugués.

El pintor Manuel dos Santos, cuya producción activa se desarrolló entre 1690 y 1725, es uno de los nombres más insignes de este ciclo.

Esta misma semana, el Museo Nacional del Azulejo puso en exhibición unos paneles de temática sobre San Francisco firmados por este artista.

La responsable del museo, Pinto de Matos, realzó que la originalidad de la azulejería portuguesa radica tanto en la osadía de su disposición -de forma vertical, horizontal y diagonal-, como en la capacidad de hacer reinterpretaciones de los motivos reflejados.

Los paneles, que llegaban incluso a contar con más de 2.000 piezas, revisitan gravados religiosos, batallas, momentos de la expansión marítima portuguesa, escenas cotidianas, pasajes bíblicos, episodios mitológicos y hasta mordaces sátiras.

En los murales exhibidos en el museo destacan los que muestran la relación de Portugal con China y la India, a través de ilustraciones de tejidos de la India y animales originarios de los dos países, como monos y elefantes.

También sobresale un gran panel que retrata Lisboa antes del devastador terremoto de 1755, a partir del cual se popularizó el uso de los azulejos con imágenes de santos protectores en las casas, con el objetivo que evitar otro desastre natural.

Según Pinto de Matos, la técnica portuguesa no pasa de moda.

"Usamos el azulejo desde finales del siglo XV y no solo para decorar (...), sino también para modificar el espacio", indicó.

Citó como ejemplo a arquitectos portugueses que siguen reproduciendo la azulejería del país internacionalmente, desarrollada en nuevos soportes y tonalidades.

Bárbara Pereira