EFEBayreuth (Alemania)

El director musical Christian Thielemann y el artista Neo Rauch triunfaron hoy en el Festival Richard Wagner de Bayreuth con el estreno de un "Lohengrin" rejuvenecido y volcado en Elsa, la heroica mujer atada a un destino indeseado, pero nunca sometida.

Fue una apertura de temporada redonda, jaleada por ovaciones cerradas desde del primer acto al final, con especial mención para el tenor Piotr Reczala, quien acudía al festival bávaro como el "salvador" de una compleja papeleta, después de la cancelación en la recta final de Roberto Alagna.

En lugar de un mero rescate resultó ser la pieza idónea para una puesta en escena a la que el cotizado Rauch, junto a su pareja artística Rosa Loy, apuesta por el dominio casi exclusivo del trazo azul, que se tiñe de rojo ante el lecho nupcial.

Thielemann, director musical titular de Bayreuth, puso su batuta al servicio de su décima ópera en el festival bávaro, coronado así como el "maestro" por excelencia del templo wagneriano.

La dirección escénica correspondió al estadounidense Yuval Sharon, representante de las nuevas generaciones quien se estrenaba ante ese exigente público y que, de acuerdo a lo anunciado en su presentación, dejó mucho espacio a la intuición.

Descartó ocurrencias pretendidamente provocadoras como las que caracterizaron al "Lohengrin" de su antecesor en Bayreuth, Hans Neuenfels, quien en 2013 se permitió colocar a su héroe entre ratones de laboratorio.

El Lohengrin de Rauch y Sharon vuelve a las esencias wagnerianas, con una Elsa triunfal -Anja Harteros-, que se revuelve contra casorios obligados y se despoja de las ataduras, incluidas las de su Caballero del cisne.

El Lohengrin azul y alado de Reczala tiene la grandeza del héroe fracasado, frente a la Elsa que emprende su camino.

Bayreuth esperaba con ansia el regreso de una de sus "voces propias", la de Waltraud Maier, a quien no se veía desde hacía 18 años en la "Verde Colina", como se conoce el lugar donde Wagner ordenó construir su teatro en 1850.

La mezzosoprano bávara dejó el festival en 2000, tras un monumental enfado con su entonces director y patriarca del lugar, Wolfgang Wagner, nieto del compositor.

Ahora regresó hoy la que fue y sigue siendo su casa, desde 2008 bajo la dirección de Katharina Wagner, y lo hizo al frente de una Ortrud tan grandiosa como su oponente Elsa.

Fue un reencuentro emocional y bello, en que la veteranía de Meier brilló sin tratar de eclipsar a la que parece destinada a ser su relevo generacional.

Para la próxima semana se espera otro retorno de alto rango, el de Plácido Domingo, de quien se recuerda aún su última actuación en Bayreuth -también en 2000 y formando dúo con Meier- y que ahora vuelve para dirigir "La Valkiria".

Completarán la presente temporada, que se prolongará hasta el 29 de agosto, las reposiciones del "Parsifal" de Semyon Bychkov, el minimalista "Tristán" dirigido por Katharina Wagner, "Los maestros cantores de Núremberg" de Philippe Jordan y "El holandés errante" dirigido por Axel Kober.

El nuevo "Lohengrin" y el regreso de Domingo son los platos fuertes de la presente edición, cuya apertura estuvo acompañada por el habitual un desfile de leales wagnerianos, encabezados por la canciller alemana, Angela Merkel, media docena de sus ministros y la elite política bávara.

La presencia de la líder alemana y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, es parte del programa, ya que son pocas las veces que no han acudido a esa cita en sus doce años largos en el poder e incluso antes, como líder de la oposición, era asidua a Bayreuth.

La apertura en Bayreuth es algo que pocos quieren perderse, sean figuras del ámbito político o rostros populares, por mucho que la ola de calor que se vive en Baviera, con temperaturas por encima de 30 grados, convierta en disuasorio el traje de gala. Gemma Casadevall