EFEBerlín

El Festival de Bayreuth, fundado en 1876 por Richard Wagner como lugar idóneo para sus grandes óperas, resiste al paso del tiempo enfrascado en sus trifulcas internas, casi tan lucrativas como la música del compositor.

Wagner y sólo Wagner es la consigna defendida por la casa desde que Cosima se convirtió en su directora, al enviudar del genio y perpetuar la ley de que en el teatro construido sobre la "Verde Colina" de esa ciudad bávara no hay lugar para otra música.

Katharina Wagner, la biznieta del compositor, de 37 años y crecida en esos dominios, ha defendido ese legado con el estreno de un "Tristán e Isolda" opaco en lo escénico y desesperadamente pesimista, porque no da opción al amor, ni siquiera trágico, entre esas dos figuras wagnerianas.

La heredera -y directora del festival- recibió anoche las ovaciones del elitista festival, compartidas con la batuta de Christian Thielemann y un dúo protagonista -Evelyn Herlitzius y Stephen Gould- enjaulado entre estructuras metálicas y su fatal destino.

Al igual que la Isolda de su segundo acto, la heroína que huye de los focos probablemente mortales, Katharina saludó desde el escenario arropada por su equipo, pero luego se esfumó para no dejarse ver en la recepción de gala tradicional.

El pánico escénico parece perseguir a la directora escénica y mandamás del festival, mientras otras señoras Wagner salpicaban con su presencia tanto esa cita nocturna como la apertura oficial hoy del Museo Richard Wagner ampliado, tras cinco años de cierre.

Ahí estaban por ejemplo Eva Wagner-Pasquier, codirectora del festival junto a Katharina desde la muerte del padre de ambas, Wolfgang, en 2010, pero en retirada, porque deja el cargo esta temporada; o Nike Wagner, prima de las dos y antigua aspirante a dirigir Bayreuth.

"Mi agradecimiento a los miembros de la familia Wagner aquí presentes, que citaré en orden alfabético", dijo, con ironía, la alcaldesa de Bayreuth, Brigitte Merk-Erbe, ante la Casa Wahnfried, sede del Museo y el lugar donde vivió y compuso el maestro.

La frase tenía su aquel, ya que incidía en las legendarias hostilidades entre los miembros del clan.

Katharina y Eva libraron una dura lucha por la sucesión; la solución salomónica de Wolfgang calmó algo las aguas, pero en su retirada parece que la mayor de las hermanas se acercó a Nike, la eterna disidente familiar.

Las disputas entre los Wagner llenan los comentarios de los entreactos de Bayreuth -una hora de reloj, para dar tiempo al tentempié y también a la fantasía-, en alternancia con lo que gusta o no de las producciones que se representan.

Al reflexivo pero pesimista "Tristán" de Katharina sigue hoy el "Lohengrin" de Hans Neuenfels y su coro de ratoncitos de colorines, reposición que, cinco temporadas después de un estreno tormentoso, se ha convertido en pieza preferida del templo wagneriano.

Neuenfels demuestra con su visión del mito la capacidad de sacar partido escénico al humor, mientras que al "Anillo" de Frank Castorf, estrenado en 2013 y asimismo en programa este año, no se le ha perdonado aún la broma de sus cocodrilos articulados tragándose las piezas de la tetralogía.

"Quién en el mundo conocería Bayreuth de no haber sido por que Wagner instaló aquí su teatro", reconocía la alcaldesa, respecto a una ciudad de provincias que, con su corta temporada de cuatro semanas al año, se convierte en meca wagneriana.

Bayreuth se alimenta de mitos, escénicos o dinásticos, y no hay indicios de que eso vaya a cambiar.

Coquetea sin disimulos con anacronismos logísticos que ponen a prueba los nervios de los medios que cubren un festival obstinado en convertir lo arcaico en una señal de identidad.

Que la canciller Angela Merkel, incondicional de la casa, cayera por los suelos al rompérsele una silla en un entreacto de la noche del estreno era la comidilla hoy en la "Verde Colina". El popular diario "Bild" tuvo que rectificar su primera noticia, según la cual la jefa del Gobierno había sufrido un desvanecimiento.

Esa primera versión dio la vuelta al mundo, pero en el viejo Bayreuth nadie la tomó en serio, puesto que se había visto a la canciller de excelente humor y comentando el "Tristán" a la salida del teatro.

Gemma Casadevall