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"El frente de Tánger (1936-1940)" es el nuevo libro del historiador y arabista español Bernabé López García, que narra la historia de más de 15.000 españoles que vivieron el desgarro de la Guerra Civil fuera de su país, obligados a convivir los dos bandos en Tánger, una ciudad "falsamente internacional".

El autor -que ha vivido en Tánger, ciudad que le apasiona y está muy presente en varios de sus estudios- ha dedicado más de tres décadas al estudio de las relaciones hispano-marroquíes y a la Guerra Civil en el norte de África.

En una entrevista con Efe por videoconferencia poco después de la presentación del libro en el Instituto Cervantes de Tánger, López García cuenta cómo indagó en la prensa que se publicaba entonces en la ciudad norteña marroquí para escribir su nueva obra.

"El frente de Tánger (1936-1940)" (Marcial Pons Historia) bebe tanto de publicaciones republicanas como El Porvenir o Democracia, como de franquistas como Presente o España, además del archivo español, francés e italiano.

CORREGIR UN MITO: NO ERA EL MONTECARLO AFRICANO

"Hay un mito sobre un Tánger internacional, literario y una ciudad considerada como el Montecarlo del norte de África que habría que corregir", afirma López García (Granada, 1947) desde su residencia en Túnez.

Tánger estaba entonces bajo la soberanía del sultán Sidi Mohammed ben Yusuf (futuro Mohamed V), tenía un estatuto internacional desde 1923 y estaba gestionada por un Comité de Control formado por los cónsules de Francia, España, Italia, Portugal, Reino Unido y Países Bajos.

"Tánger era una ciudad donde vivían cerca de 15.000 españoles (con una población superior entonces a la de Soria o Ávila) y se veían obligados a convivir los dos bandos sin exterminarse", explica.

Según el arabista, las dos facciones vivían en tensión permanente y, a pesar del estatuto neutral de la ciudad y de la mayoría numérica del bando republicano, los franquistas gozaban de más influencia.

Sobre todo porque la justicia estaba de su lado. Tenían a su favor, dice López García, el Tribunal Mixto de la ciudad, en el que había jueces conservadores favorables al franquismo.

CUANDO FRANCO AMENAZÓ CON BOMBARDEAR TÁNGER

López García cuenta con detalle cómo el alzamiento militar contra la Segunda República en 1936 desde el norte de Marruecos se proyectó en Tánger.

El Gobierno de la República, relata, mandó su flota a la bahía de Tánger con el objetivo de impedir que las tropas del Protectorado español sublevado puedan cruzar el Estrecho y sumarse a la zona en rebeldía, pero Franco amenazó entonces con bombardear la ciudad y consiguió que se retiraran los buques republicanos.

"La presión de Franco fue decisiva, combinada con el miedo de las potencias ante esa presión y la no asistencia a los barcos por parte de Inglaterra, que se negó a ofrecer combustible a los barcos republicanos desde Gibraltar como solicitaron las tripulaciones y el cónsul republicano de Tánger, José Prieto del Río", detalla el historiador.

En su libro, López García también se refiere a las represalias que sufrió la colonia y la prensa española republicana y cuenta cómo los cafés Fuentes y Central -ambos en el Zoco Chico de Tánger- fueron escenario de recurrentes enfrentamientos ideológicos entre sus clientes.

Entre los momentos álgidos de tensión, cita los asaltos al periódico republicano Democracia por los marinos italianos, que acabaron con el encarcelamiento de los directores de Democracia (Fernando García Solves) y Porvenir (Germán Ruíz) por criticar a Italia, tras una "intervención parcial" del Tribunal Mixto.

MUSULMANES CERCANOS A LOS FRANQUISTAS

Durante la guerra los franquistas consiguieron atraer a algunos musulmanes a través de una propaganda que criticaba el ateísmo de los republicanos y explotando también el antijudaísmo que por entonces corría entre los árabes por el conflicto de Palestina.

Y, una vez terminada la Guerra Civil en 1939, comienza una nueva etapa de represión a los republicanos en Tánger.

El historiador recuerda cómo el coronel Juan Luis Beigbeder vigiló desde Tetuán la expulsión de los republicanos de Tánger, pedida por el nuevo cónsul franquista al sultán y avalada por el Comité de Control.

Algunos acabaron en América y otros en el territorio administrado por el Protectorado francés en Marruecos.

Por Fatima Zohra Bouaziz