EFEGetafe

El tatuador madrileño Adrián Sánchez, más conocido en los certámenes internacionales como 'Blacksánchez', acababa de estrenar su propio estudio de tatuaje en Getafe cuando la pandemia vino a trastocar, como hizo con casi todos los negocios, su principal sustento de vida, obligándole a reinventarse en pintor.

"Empecé a tatuar con 23 años, en mi casa, destrozando a todos mis amigos la piel, a todo voluntario que se ofreciera, y gratis además. Luego fui mejorando y teniendo mis primeros clientes, por lo que mis padres me largaron de casa, porque ya empezaba a entrar gente desconocida", comenta a Efe este aún joven artista.

A pesar de ello, el todavía Adri Sánchez, que llegó a compaginar sus estudios de Arte -tiene dos grados superiores en Ilustración, uno de ellos en la Escuela Superior de Dibujo Profesional (ESDIP)-, con un trabajo de "pintor de brocha gorda", decidió finalmente encauzar su habilidad artística en el mundo del tatuaje.

"Me busqué un estudio, primero en Carabanchel, donde estuve tatuando seis meses. Luego fui a Fuenlabrada, en otro estudio, hasta enero de 2020, que abrí mi propio estudio, este en el que nos encontramos, en Getafe", explica entre las paredes de su sala de tatuaje, donde tiene varias camillas para sus clientes.

Sin embargo, el estallido de la pandemia y el consiguiente estado de alarma puso en serio riesgo este recién estrenado negocio: "durante la cuarentena no podíamos hacer gran cosa. No somos un bien de primera necesidad. Primero confinamiento absoluto. Luego, los barrios de Getafe. De repente Madrid entero", se lamenta.

"Tengo muchos clientes que son de fuera, de Barcelona, de Galicia, de Sevilla, de toda España, y como Madrid estaba confinado, no podía venir nadie. Entonces dije: voy a volver a mi pasión por la pintura, que es por lo que yo llegué aquí realmente, y empecé a pintar cuadros", recuerda frente a una de sus últimas creaciones.

Por aquel entonces, ni el propio 'Blacksánchez' era consciente del éxito que iba a tener su primera creación pandémica: un retrato fotorrealista al óleo de BIG Notorius, un rapero estadounidense que fue asesinado en 1997 y que está considerado como uno de los más importantes e influyentes de la historia del rap.

"Yo pinté el cuadro por placer personal, porque me apetecía pintar. Cuando iba publicando los avances en las redes sociales, mucha gente me decía: te lo compro. Luego el estado de alarma se alarga 15 días y otros 15 días más. El negocio recién abierto, dando pérdidas y dije: a lo mejor tengo que vender el cuadro", narra.

El cuadro de BIG Notorius se había hecho tan viral en redes sociales que comenzaron a llegarle ofertas de todo el mundo, incluso de personajes famosos como el actor Tyrese Gibson, uno de los intérpretes de la saga de cine de acción 'The Fast & Furious', quien deseaba tener este lienzo en su despacho.

"Al final no llegamos a un acuerdo, pero estuvo interesado. Al final se lo vendí a unos 'texanos', tatuadores como yo, que ya seguían mi trabajo y vieron el cuadro, eran seguidores también del rapero y decidieron comprarlo", confiesa 'Blacksánchez', quien se resiste a desvelar el precio final por el que lo vendió.

Poco después le encargaron otro de Tupac, otro rapero estadounidense fallecido, y ya lleva cuatro cuadros vendidos, la mayoría de ellos a compradores norteamericanos, quienes admiran la capacidad de 'Blacksánchez' de mejorar una simple fotografía vieja, donde es capaz de intensificar la mirada de los protagonistas.

"Mi propósito, además de mejorar las fotos, que a lo mejor estaban realizadas en los años 90, era hacer un cuadro que tuviera más definición que la propia foto. Me gusta el concepto de mejorar la foto, una foto que nadie tiene, más que el autor. Es digamos un 'photoshop' con pintura, con la mano, manual", detalla Adrián.

Aunque actualmente está trabajando en un retrato de David Bowie que le ha encargado una persona de Valladolid, su intención es ahora poder compaginar la pintura con el tatuaje y poder regresar, con la desescalada, a las convenciones internacionales donde mostrar al mundo sus creaciones para la piel.

"He estado en Nueva York, Brasil, Moscú, Los Ángeles, Milán, Londres, Amsterdam. He ganado premios. Uno de los más importantes de mi carrera fue el 'Best of show' en Nueva York. Ese fue el mejor día de mi vida y fue un salto importante", presume 'Blacksánchez', nombre que precisamente escogió por su recorrido internacional.

Para un tatuador, explica, estas convenciones internacionales son como "una inmensa campaña de marketing", donde se reúnen compañeros de todo el mundo que "van a lucirse", a mostrar sus creaciones y su trabajo, que realizan en vivo y en directo, desde su 'stand', durante los dos o tres días que suelen durar estos eventos.

"Es como una inversión de publicidad, como si pagas para poner un cartel en la carretera que diga: Tatuajes Adrián Sánchez. Pues esto es lo mismo, pagar dinero para ir a un sitio a que te vean, en nuevos países, nuevas ciudades", añade, reconociendo que es muy costoso, ya que "tienes que pagarte vuelos, hoteles, estancia, el 'stand'".

Su próximo objetivo, una vez que la pandemia está remitiendo y los aforos vuelven a llenarse, es poder acudir al certamen de Milán, que se celebrará en febrero, aunque admite que, entre la pintura y "todos los deberes" que se le acumulan en el estudio de tatuaje, no tiene claro que pueda al final viajar.

Aún así, 'Blacksánchez' comienza a ver la luz al final del túnel de la pandemia y se despide con un deseo: "que la gente trabaje, que gane dinero y se lo gaste en tatuajes", ya que aunque para ellos sea "un mero capricho", Adrián tiene que levantar cada mañana la persiana de su estudio de Getafe.

Rubén Sánchez Lesmas