EFEMadrid

Juan Diego Botto es el autor de "Una noche sin Luna" una obra que con la que traslada los aspectos menos conocidos de la vida y obra de Federico García Lorca, un monólogo en el que no falta humor, que nace de la pasión del autor por el poeta, un "ejercicio de memoria sobre temas que están en mí".

Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975) asegura que pensaba que escribir este texto le alejaba de su teatro anterior, el que habla de desaparecidos -su padre lo fue-, de la dictadura argentina, de exilio, y, sin embargo, se ha dado cuenta de que ha vuelto a escribir sobre conceptos comunes, "Lorca también es un desaparecido. No se sabe dónde está enterrado".

"Cuando terminé la obra estaba muy orgulloso porque pensé que había hecho algo que se alejaba de mi teatro anterior, después me dí cuenta de que había vuelto a escribir sobre un desaparecido", reflexiona Botto.

Una función que es un ejercicio de "memoria" con el que me se ha dado cuenta de lo importante que es para él hablar de la "justicia o de la impunidad", ha dicho Botto durante la presentación del espectáculo que dirige Sergio Peris-Mencheta, una nueva colaboración entre ambos después de "Un trozo invisible de este mundo", ganadora de cuatro Premios Max.

"Una noche sin Luna" se estrena en Madrid este jueves, 17 de junio en el Teatro Español. Es un relato en primera persona en el que la pregunta original para su desarrollo es: "¿Por qué me fusilaron?". A lo largo de la función, el propio Lorca -en la piel de Botto- intenta dar respuesta, con un texto construido a partir de conferencias, charlas, y entrevistas en las que el poeta desvela sus puntos de vista.

Una obra que, según su autor, surge cuando se propone hacer un recital de poemas y va encontrando "ecos vibrantes de historias que se asemejan a nuestro presente", a partir de las encrucijadas de la vida a las que hace frente el poeta, un momento de grandes cambios sociales que le llevó a ser "amado por muchos y singularmente odiado por otros".

Y recuerda lo poco que han cambiado algunas cosas, como cuando se acusaba a Lorca de vivir de las subvenciones al poner en marcha el grupo de teatro "La Barraca", "algo -comenta Botto- de lo que se nos sigue acusando a los cómicos hoy".

A pesar de ese y otros vínculos con la realidad actual "hay muchas cosas que han mejorado, cuando hablamos de Lorca nos referimos a la peor etapa que ha vivido nuestro país, una guerra civil, el auge del fascismo" en Europa, pero por "hostil que sea el ambiente actual no estamos en ese punto".

Peris-Mencheta resalta la capacidad de Juan Diego Botto para narrar y apunta que desde el primer momento le "fascinó" la historia y "cómo la contó", hasta el punto de imaginar en ese momento la puesta en escena, que lejos de ser intimista mantiene la esencia de un gran espectáculo.

Según el director, la simbiosis entre el actor y el poeta es tal que "no se sabe en qué momento se escuchan palabras de Juan y cuándo de Federico".

Un texto que contiene alegría y "el sentido del humor que dicen que tenía Federico" mientras que el tercer acto, del que todo el mundo conoce el desenlace, es oscuro, como una noche sin luna, tal y como relata Ian Gibson que fue la noche de su fusilamiento en la biografía sobre el poeta granadino.

Peris-Mencheta reseña que el Federico que vamos a ver no es el Federico de la memoria colectiva, sino el que "hemos imaginado nosotros para contar esta historia, el que se ha ido formando a partir de todos los elementos y de la escenografía".

Una pieza que, según Juan Diego Botto, no la define la palabra "denuncia aunque sí tiene voluntad de expresar un punto de vista crítico", concluye.EFE

it/lml

(foto)