EFEBarcelona

El escritor Nickolas Butler, autor de la exitosa "Canciones de amor a quemarropa", vive en pleno campo, en Wisconsin, donde se crió, pero sus historias son universales. Su última novela, "Buena suerte", inspirada en hechos reales, ofrece un retrato de la clase obrera de Estados Unidos en la actualidad.

En una entrevista con Efe, en su tercer viaje a España, Butler comenta que es también una historia sobre la importancia de la amistad, que ve como "una forma de amor", y la ambición, en un momento "muy curioso, porque, en todo el mundo, los más ricos tienen mucho más que el resto de la población y esta riqueza no para de crecer, mientras la clase media no para de hacerse pequeña".

Este cambio social, junto con el hecho de que "la buena gente quiere seguir viviendo en sus pueblos, pero no se lo pueden permitir, es un material muy dramático".

A su juicio, en este momento del siglo XXI, "da la sensación de que nuestros sistemas económicos, la economía está muy enferma, como si estuviera colocada y el dinero es la droga".

Publicada en castellano por Asteroide y en catalán por Periscopi, en "Buena suerte", Butler narra lo que les sucede a tres modestos constructores, Bert, Teddy y Cole, amigos desde la infancia, el día que reciben el encargo de una millonaria abogada para que terminen una casa a medio construir en las montañas de Wyoming antes de Navidad, a cambio de una exorbitante recompensa.

Rememora el escritor que empezó a darle vueltas a sentarse ante el ordenador cuando hace más de cinco años, comiendo con un amigo que trabaja en el sector de la construcción, le explicó que en Wisconsin estaba trabajando para una multimillonaria y como no llegaban a tiempo de cumplir los plazos, ésta les ofreció una bonificación de 15.000 dólares si acababan la obra en tres semanas.

Su amigo le resumió que "ni con toda la metanfetamina del mundo podrían acabar aquello" y, entonces él pensó: "qué idea más buena para escribir una novela".

Escogió como paisaje de fondo las montañas de Wyoming, donde el invierno es mucho más duro que en Wisconsin -donde transcurren sus novelas anteriores- y no obvió que la metanfetamina tenía que ser determinante en el relato. "Lo que hice fue subir un poco la apuesta con respecto a lo contado por mi amigo", precisa.

Con toques de thriller, apunta el novelista que lo que buscaba, sin embargo, es "una novela literaria, en la que las palabras tuvieran mucha importancia a nivel de cada frase en la escala molecular del texto", aunque, como es habitual en él, lo más importante "son la historia y los personajes".

"Aquí, me gustaba mucho poder escribir sobre la sociedad norteamericana, pero, a la vez, me gustaba este toque de thriller para que los lectores fueran adictos a la lectura y no pararan de girar hoja, porque saben que ocurrirán cosas malas a los personajes pero no saben cómo ni cuando".

Sobre la creación de los protagonistas de la obra, ha reconocido que cuando construyeron su casa hablaba mucho con los paletas que allí se encontraban y ya en ese momento le pareció que eran "gente fascinante".

Tampoco ha escondido que "casi todos fumaban y bebían demasiado y, seguramente, se habían divorciado una o dos veces", lo que no fue óbice para que en la novela les rinda homenaje, porque "en este tipo de trabajos proletarios, que yo también hice, hay un valor y una valentía a resaltar".

A la vez, cuando tuvo dudas sobre las anfetaminas, preguntó a unos paletas conocidos si habían consumido alguna vez y "todos ellos fueron más que sinceros conmigo, algo poco habitual, porque es un tema un poco tabú y porque no se pregunta habitualmente a la gente si toma o no toma pastillas".

Por otra parte, ha considerado que es en la América rural donde el problema de las metanfetaminas es mucho peor que en otros lugares de los Estados Unidos, más castigados por la denominada epidemia de opiáceos.

Autor que mantiene el contacto con sus lectores españoles a través de las redes sociales y que confiesa, hace unos días, estuvo con una de sus más fieles lectoras en San Sebastián, tomando unas cervezas, afirma que quiere ser muy cercano a quienes leen sus novelas y mostrarles lo que supone ser su amigo.

Con otra novela en la cabeza, cuya trama posiblemente se desarrollará en tiempo de pandemia de coronavirus, Nickolas Butler bromea con que, desde un punto de vista capitalista, de "cobrar mucho dinero", sí espera que Hollywood se interese por su último título, pero "desde un punto realista, más sano", no piensa nada en ello.

Centrarse en eso, agrega, es como comprar un billete de lotería e ir pensando en qué invertir el dinero antes de un sorteo "que nunca ganas tu. No me hago ilusiones en este sentido", concluye.

Por Irene Dalmases