EFESan Sebastián

A la cineasta Carla Simón la pandemia le ha obligado a aplazar el rodaje de su segunda película, aunque no paró y durante el confinamiento empezó a escribir lo que espera que sea su tercer largometraje.

"Estaba tan enfadada que escribí otra cosa de arriba abajo. No el guion, pero sí un tratamiento que me salió de una manera muy fluida, al contrario que 'Alcarràs', que fue como un parto", ha asegurado en una entrevista con EFE la directora catalana, que este lunes estrena en el Festival de San Sebastián "Correspondencia", un cortometraje realizado junto a la directora chilena Dominga Sotomayor.

A la autora de la aplaudida y premiada "Verano 1993" le ocurrió "al revés" de que lo que sucedió a mucha gente a la que el encierro frenó sus ganas de crear.

"Estaba tan aislada y tranquila, en un estado de calma y de concentración que el día a día no me da. Encontrar un ritmo, una rutina, cuando el mundo se está moviendo es imposible, a menos que te aisles en la montaña y decidas no ver a nadie. Algo que hago a veces pero que es difícil también", destaca.

Asegura que estuvo "fatal" por tener que parar "Alcarràs", una historia sobre una familia agricultora en la época de la recogida de melocotones, a la vez que se preguntaba por qué se encontraba "tan triste" cuando "solo" se trataba de una película en medio una crisis sanitaria como la de la COVID-19.

"Pero al final es tu propia realidad y la de gente que te rodea y con la que trabajas. Llevábamos tres años desarrollando este proyecto. Era un cúmulo de trabajo que tuvimos que interrumpir cuando estábamos a tres meses de rodar. Parte del equipo ya se había incorporado, estábamos hablando mucho y cerrando el casting. Era un momento en el que ya ves la película", señala.

Carla Simón también sintió "mucho miedo" de que pudiera perder energía para retomar el filme un año después, pues debido a su temática tiene que rodarse en verano.

"Ahora estoy tranquila, porque hace poco volví allí (a la comarca leridana del Segrià) y me sentí aún con más deseo de rodar. Creo que cuando son historias que te importan, no se van", afirma la realizadora, que añade que finalmente fue "una suerte" no empezar este año por que esa zona fue de las primeras en cerrarse tras la segunda ola de contagios.

A San Sebastián acude con algo más pequeño, un cortometraje que realizó para el canal cultural de TV3, dentro de un proyecto en el que proponía a seis mujeres de distintos ámbitos reflexionar sobre temáticas relacionadas con la mujer junto a otra persona de su elección.

Ella llamó a Dominga Sotomayor, con la que solo había coincidido en Rotterdam y acordaron hablar sobre mujeres de sus propias familias.

Simón acabada de perder a su abuela, estaban, de hecho, desmontando su piso, y su primera carta fílmica está dedicada a ella. "Fue la excusa perfecta para rodar en súper 8", apunta.

A esa primera misiva visual se fueron sumando otras, que incluyen las únicas imágenes en movimiento que posee sobre su madre biológica, fallecida cuando ella tenía seis años y tan presente su ausencia en "Verano 1993".

"Para mí tienen un valor muy fuerte. Ya las había utilizado en un corto, 'Llacunas' que hice mientras estaba escribiendo 'Verano' y que no ha visto nadie. Como son las únicas imágenes que tengo de ella, me apetece compartirlas. Me parece que era el momento de ponerlas y reflexionar", explica.

De esas cartas entre las dos directoras surgen preguntas esenciales, sobre el cine y la maternidad, sobre la genética y la educación, hasta que llegaron las protestas sociales que se iniciaron en Chile en octubre de 2019 y se colaron también en la correspondencia.

"De repente, la cosa escaló a otra dimensión por la realidad por la que estaba pasando Dominga y que te hace cuestionar también lo íntimo, si es tan importante o no", comenta Simón, cuyo cortometraje ha pasado ya por el festival suizo de documentales Visions du Réel y, entre otros lugares, viajará también a Nueva York