EFEBarcelona

Activista y luchadora, Clara Peya lleva más de una década saliéndose de la norma, pero es ahora, cuando está a punto de cumplir 35 años, cuando su música, incómoda y comprometida, está derribando barreras y encontrando nuevos públicos.

El Premio Nacional de Cultura que le otorgó el CoNCA en 2019 fue el primer indicio, y el segundo ha sido el disco "Perifèria" que acaba de editar y que le está abriendo las puertas de otros escenarios.

"Quizás ha sido la colaboración con Alba Flores y Ana Tijoux o el hecho de que éste sea mi disco con más canciones en castellano, no lo sé, pero el caso es que noto -reconoce la artista en una entrevista con Efe- que estoy llegando a más gente, también fuera de Cataluña".

Un reconocimiento que le está llegando sin renunciar a su marcada personalidad, sensible y enérgica, que parte de una formación clásica para extenderse hacia lo que ella misma llama "pop sofisticado".

"No he renunciando a nada -aclara- al revés, cada vez he ido tomando más conciencia de que el arte es la herramienta más poderosa de transformación social que existe y de cómo utilizarla".

En su caso, la herramienta es el piano, con el que compone los temas que después interpreta en directo sentada a los teclados y acompañada de los músicos y cantantes elegidos para la ocasión, en este caso Enric Verdaguer a la voz, Vic Moliner al bajo eléctrico y los sintetizadores y Didak Fernández a la batería.

En "Perifèria" aborda temas "incómodos" y pone el foco en las periferias, es decir, "en todo aquello que no está en el centro, que no está representado socialmente y que no tiene un altavoz".

Una de las canciones, "Mujer frontera", habla de las mujeres invisibles y sus beneficios van destinados al colectivo Jornaleras de Huelva en Lucha, que trabaja en favor de estas trabajadoras del campo.

El feminismo es una de las luchas en la que está especialmente implicada Clara Peya desde hace tiempo, "pero siempre revisando el mensaje, porque todo evoluciona".

"Por ejemplo -señala-, no tiene sentido ser feminista desde una perspectiva limitada a las mujeres blancas, hay que ir más allá".

Por eso apoya la polémica decisión de la poetisa Amanda Gorman de exigir que las traductoras de sus obras sean mujeres, activistas y negras.

"Mientras haya discriminación tienen que existir cuotas, espacios libres de hombres, espacios libres de blancos y otras medidas que alguna gente considera una aberración", defiende.

"No son aberraciones, son espacios de libertad y seguridad y medidas para ir avanzando hacia una sociedad menos injusta", añade.

En su opinión, el mundo en el que vivimos barre hacia la periferia a la gran mayoría de los humanos: "¿cuántas veces nosotras mismas nos hemos sentido periferia? y ¿cuántas veces hemos colocado a alguien en la periferia?", se pregunta Peya.

Este funcionamiento social "hace casi imposible mantener la autoestima alta y nos hace muy vulnerables -agrega-. Todo esto hay que expresarlo, porque el silencio no ayuda".

Ella misma hizo un importante esfuerzo por romper el silencio en "Suite TOC num 6", la obra que estrenó con la compañía que tiene junto a su hermana Ariadna Peya, Les Impuxibles, en la que abordaba la enfermedad que sufre: Transtorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

"Si mantienes las cosas en silencio, nada cambia. Para transformar hay que hablar -sentencia- y un tema del que se está hablado poco es de la fuerte afectación social que está teniendo y tendrá la pandemia en nuestra salud mental".

Por ello, Peya recomienda que "hablemos de nuestra vulnerabilidad: es la única manera de crear una inmunidad colectiva".

Rosa Díaz