EFEZaragoza

Zaragoza ha sido la primera parada en España de la gira "Detour" de Elvis Costello, en la que el londinense muestra un espectáculo intimista en el que música y memoria se funden para recordar las anécdotas y experiencias personales que narra, en esta ocasión, en un recital en solitario.

Con un sonoro "¡Hola!" Costello irrumpió con puntualidad británica en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza, ante el aplauso de un público entregado que recibió con entusiasmo las primeras notas de '(The angels wanna wear my) red shoes'.

"Detour" ha llevado este año a Elvis Costello (Londres, 1954) a más de veinte escenarios de Estados Unidos, Inglaterra e Italia para recalar finalmente en España con dos citas más además de la de la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza: Madrid y San Sebastián.

Sobre el escenario, un gran panel que rezaba "On air" recordaba el riguroso directo y, al fondo, imágenes en una pantalla con forma de televisor recorrían momentos de su infancia y su juventud.

Mientras, el londinense narraba anécdotas de su visión de las "femme fatale" para introducir su tema 'Church underground' o de los conciertos con "The Attractions", antes de cantar 'Accidents will happen'.

Tras las primeras canciones, cambió la guitarra acústica por el piano, al mismo tiempo que sustituía las gafas de sol oscuras que llevaba en un principio -y que le hacían un tanto irreconocible- por sus enormes gafas de montura negra.

Modelo que ya lucía en la portada de su primer álbum, "My aim is true", con el que a finales de los setenta este cantante y compositor comenzó a abrirse un hueco en el panorama musical internacional como chico de banda -con "The Attractions" y "The Imposters"-, en colaboraciones -con el cantante country George Jones o el trompetista Chet Baker- o bien en solitario.

En el piano, que prometió devolver "sin daño alguno" a su esposa -la pianista y cantante de Jazz Diana Krall-, Costello interpretó con voz desgarrada la canción plagada de deseos 'Shipbuilding', el tema del musical 'A face in the crowd' o 'Good year for the roses'.

De pie, frente al piano o sentado e intercalando las ocho guitarras que le acompañaban sobre el escenario, el músico pasaba de la interpretación enérgica de temas como 'Ghost Train' al romanticismo de 'Walkin' my baby back home'.

Entretanto, no pudieron faltar la mujeres; las que dejan sabor a caramelo como en 'So like candy' o como la protagonista de 'Everyday I write the book', historia de amor por capítulos que Costello aprovechó para dar rienda suelta a la versatilidad de su voz.

Y entonces, sin previo aviso, llegó ella: "She" -canción original de Charles Aznavour y banda sonora de 'Notting Hill' en la versión de Costello- que hizo aflorar dosis de emoción y aplausos a partes iguales.

Con el público en el bolsillo y aprovechando el poderío de su voz sin micrófono y la excelente acústica de la sala, el músico se sumergió entre las butacas de los sorprendidos asistentes para regalarles un tema de su primer álbum, 'Alison'.

Apuntando al londinense, la luz de un foco de seguimiento y también las cámaras de decenas de teléfonos de los que no quisieron perder la ocasión de retratar el instante.

Y para apaciguar la agitación despertada por el gesto, que hizo levantarse a gran parte de los casi setecientos cincuenta asistentes, Costello interpretó un precioso 'Almost blue' tras el que dio paso al eléctrico 'Watching the detectives', en que estuvo acompañado de una intrigante puesta de escena.

Se despidió con 'I want you', en la que un dolorido Costello sólo podía decir "te quiero" ya que todo lo demás era, según cantaba, "malgastar el aliento".

Un aliento que todavía conservaba al final, tras más de dos horas de concierto, que concluyó con un "muchas gracias".

Expresión que va a seguir repitiendo, al menos, durante los dos días que le quedan en nuestro país con el concierto mañana en el madrileño Teatro Monumental y el lunes en el Auditorio Kursaal de San Sebastián.

Tras España, el británico se une a "The Imposters", junto a los que visitará Reino Unido, Bélgica y Países Bajos y acabará el verano en un viaje en solitario para actuar en Estados Unidos y Japón, donde en ciudades como Osaka ya ha vendido todas las entradas.

Inés Escario