EFEBerlín

Rusia llegó a la lucha por los Osos de la Berlinale con "DAU/Natasha", un filme radical y hasta excesivo, por extensión y por sus escenas de tortura y sexo explícito, sin guion previo, de acuerdo al dogma de su director, Ilya Khrzhanovsky.

"No hay un texto previo escrito. Todo ocurre sobre la escena. Quien está en ella procede según le dicta su intuición o propósito", afirmó el cineasta en su presentación ante el festival sobre una película que entró en competición envuelta en el secretismo.

"Los que entramos a escena somos dueños de nosotros mismos y de nuestros actos. Sabemos lo que nos hacemos", añadió su protagonista, Natalia Berezhnaya. Una actriz no profesional -era vendedora en un mercado ucraniano-, llegada al cine tras un multitudinario castin.

No había guion para la larga escena de sexo entre Natasha -la camarera de la cantina de un centro secreto soviético- y un científico francés invitado a exponer sus experimentos -Luc Bigé-.

Al sexo con el científico, al que Natasha califica de "dulce", en comparación con su rudo novio, seguirá la tortura en una celda de aislamiento con paredes acolchadas de la KGB.

Un oficial someterá a Natasha a la tortura psicológica; luego la obligará a desnudarse; luego le introducirá una botella en la vagina, simulando un coito. Es su castigo por haberse acostado con un extranjero.

Quien interpreta al hombre de la KGB es Vladimir Azhippo, otro actor no profesional que fue empleado de una cárcel ucraniana.

"DAU/Natasha", de 145 minutos, fue prohibida en Rusia bajo la acusación de difundir pornografía y propaganda. La Berlinale la incluyó en su sección oficial.

Hay una segunda entrega, llamada "DAU/Degeneratsia", de unas seis horas de duración, que se exhibirá también en el festival, aunque fuera de concurso y en la sección Berlinale Special.

"Todos nosotros formamos parte de un proyecto, un colectivo. Quien entra en él lo hace voluntariamente y voluntariamente se incorpora a nuestro viaje", explicó Khrzhanovsky. En "Natasha" ha formado tándem en la dirección con Jekaterina Oertel, miembro de DAU desde hace diez años.

El proyecto en sí mismo es controvertido. Teóricamente desde que empezaron con el experimento han acumulado material para 13 cintas, de extensión diversa. Todas recrean ese centro secreto soviético.

La escenografía juega con elementos arcaicos -especialmente para reproducir los experimentos científicos. La cantina de Natasha es el lugar en que ella y su compañera más joven -Olga Shkabarnya- terminan la jornada profusamente borrachas de vino, cerveza y vodka, a veces salpicadas por peleas a bofetadas y tirones de pelo -"las escenas de agresiones físicas también surgían sin guion", subrayó el cineasta.

La inclusión de sexo explícito no causa ya escándalo en un festival donde desde hace unas cuantas ediciones se han visto ya muchos genitales en acción. Pero rodar escenas drásticas sin guion es otro nivel.

Las cifras que mueve el proyecto son desbordantes. El equipo del cineasta reprodujo para llevarlo a cabo un complejo soviético que existió entre 1938 y 1968. Construyó un monumental estudio de 12 000 metros cuadrados en la ciudad ucraniana de Charkiw.

Los 400 voluntarios integrados en el proyecto debían reproducir ahí esquemas de vida y comportamientos de personas sometidas a regímenes totalitarios. "Natasha" es una parte de esas grabaciones.

El resultado de esos rodajes, completados entre 2009 y 2011, es un cine radical, que su impulsor defiende como análisis de los totalitarismos. En medios rusos -y alemanes- se le atribuye dinámicas sectarias; también aparecieron acusaciones de malos tratos, a las que el cineasta ha quitado legitimidad porque afirma eran "anónimas"

LA FRUSTRADA RECONSTRUCCIÓN DEL MURO

La inclusión de "DAU/Natasha" entre las 18 aspirantes a los Osos de esta 70 edición del festival sigue a la réplica de una parte del muro de Berlín por el centro de la capital alemana que Khrzhanovsky trato de llevar adelante en 2018.

Iba a ser una reproducción parcial y por cuatro semanas de la llamada Franja de la Muerte, el muro que entre 1961 y 1989 partió la ciudad.

Entre unas 900 piezas de hormigón iban a proyectarse las 700 horas de material fílmico acumulado por el proyecto DAU. Finalmente, no obtuvo el permiso de las autoridades berlinesas.

Por Gemma Casadevall