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Si con su debut musical se convirtieron en la gran esperanza del rock nacional como chispeantes embajadores de la "kinkidelia", los andaluces Derby Motoreta's Burrito Kachimba afirman a Efe que con su segundo álbum, "Hilo negro", vuelven "con más de todo que en el primero" para viajar aún más lejos.

"No somos una moda y por eso tendemos a la eternidad", señalan sobre sus aspiraciones de futuro con un "disco de consolidación en todos los sentidos" que se publica este viernes, tras haber cosechado el Premio Ruido de la crítica musical al mejor trabajo de 2019 con su anterior entrega, el homónimo "Derby Motoreta's Burricho Kachimba".

Aquel galardón fue la culminación a un 2019 que parece "cercano y lejano" a la vez y que fue "de ensueño". "Publicamos el disco, empezamos a tocar mucho, la gente entró en nuestro rollo y lo culminamos con una canción con nuestro maestro, Kiko Veneno", enumeran.

A puntito de subirse a la furgoneta para seguir de gira, el estallido de la pandemia en marzo supuso sin embargo un frenazo a sus planes. Del que es ya su segundo álbum de estudio, previsto inicialmente para mediados de 2020, tenían entonces solo tres temas.

"En realidad íbamos algo apurados, así que con la gira habría sido bastante agobiante", dicen tras asumir los acontecimientos como una ventaja.

En total fueron unos nueve meses de trabajo "fuerte" siguiendo su proceso habitual de composición, el del contagio de "protoideas" durante los ensayos, y "mucha posproducción a favor de las capas de sonido y para encontrar texturas que coloreran todo el disco con su barniz final".

El resultado es, según sus palabras, "un álbum en general con más información, más densidad, más pasajes, más de todo que el primero" y en el que, por supuesto, siguen reivindicando "la kinkidelia".

"Es nuestra forma de trabajar, nuestro dogma: kinkidelia igual a libertad", dicen al estallar en risas sobre un concepto que ellos mismos acuñaron y que reivindica una mezcla de la psicodelia y lo kinki.

Entre cortes como "El Valle" o "Caño cojo" destaca especialmente "Gitana", que ellos mismo califican como "tema central" y que ya pudo escucharse en vivo en los últimos conciertos antes de la pandemia, por lo que al estudio llegó "bastante rodada".

"Cuando la tocamos en directo empiezan a volar los vasos, muy divertido", afirman orgullosos sobre una composición de casi 6 minutos que arranca como una saeta solemne y que se revira súbitamente como una exaltación roquera de pura adrenalina.

En su último verso aparece además ese "hilo negro" que dio título al disco y que, según ellos, "te extiende el universo para tirar de él y acceder a otra dimensión". "Este es un álbum expansivo que te lleva a sitios más lejanos", certifican.

En este parón de conciertos los DBMK estuvieron ocupados doblemente, ya que también aprovecharon para participar en la banda sonora de la película "La ley de la frontera", de Daniel Monzón. El encargo inicial para hacer una canción, del mismo título que el filme, se amplió para vestir también secuencias con su música.

"Nos hemos sentido supercómodos trabajando y hemos aprendido mucho, porque como banda pensamos las canciones con su estructura propia. Ellos, sin embargo, nos devolvían las maquetas retocadas porque las pensaban con las imágenes. Hemos tenido que aprender a ver los temas así", comentan.

El resultado, que aspira a ser "una BSO a lo Taratino", les ha llevado a encontrarse sonando en mitad de un repertorio con otros orgullosos kinkis míticos, como Las Grecas y Los Chichos.

"En la paleta entera que tenemos están esos colores. Es un sitio en el que nos sentimos cómodos y aquí nos hemos permitido además el lujo de no pensar tanto en hacer música actual, sino más bien en pensarnos como unos Motoreta más antiguos, con recursos que no habríamos utilizado en otros discos", cuentan.

Quienes deseen disfrutar de su recuperado directo, aunque sea sentados, podrán hacerlo en primer lugar el 29 de abril en el Teatro Coliseum de Barcelona. Les seguirán otras citas como las de Valencia (La Placeta, 6 de mayo), Alicante (Muelle 12, 8 de mayo) o Madrid (Festival Tomavistas, 27 de mayo).

Javier Herrero