EFEMadrid

La historia real de un cosmonauta "olvidado" 311 días en el espacio mientras la URSS se resquebrajaba inspiró al argentino Adrián Desiderato para escribir una novela sobre la soledad que, como su protagonista, ha estado perdida en el limbo hasta su reciente publicación en España.

Sin entrar en pormenores "que daría vergüenza ajena detallar", dice a Efe Desiderato, "el mercado" es la razón por la que este libro ha tardado catorce años en salir a la venta, a pesar de quedar finalista en el premio Clarín de novela en 2007, con un jurado formado por José Saramago, Rosa Montero y Alberto Manguel.

"Y podría no haberse publicado nunca, de no dar, por puro azar, con una editorial independiente de ésas a cuyo timón se hallan empecinados", afirma el autor nacido en Lomas de Zamora (Argentina) en 1949.

La editorial asturiana Pez de Plata ha recuperado una historia de ciencia-ficción que transcurre en una imaginaria nave vagando en un punto indeterminado de la Vía Láctea, pero también en Buenos Aires, donde dos amigos reencontrados hablan de la noticia de la desgracia espacial.

"De Bradbury a Lem, de Asimov a Hawking, de Kafka a Borges, los referentes que maneja Adrián Desiderato en esta impactante novela son inagotables", aseguran los editores.

"Dom", casa en ruso, toma su nombre de la estación espacial en la que un grupo de cosmonautas quedan atrapados. En su interior, el último superviviente, Viacheslav, se agarra a la vida y a la cordura sin perder la esperanza de regresar a su añorada Tierra y a una Unión Soviética que se desintegra y sobre la que también reflexiona.

Sus divagaciones científicas, filosóficas y políticas y su amor por su familia -"Después de todo estoy en paz. Después de todo encontré mi planeta. ¿No es un hijo?", se pregunta- ocupan la mayoría de sus pensamientos. Mientras, intenta imaginar maneras de comunicarse con la base de Baikonur y establece una especie de diálogo con la propia Dom.

"El protagonista de esta historia no es Serguiéi Konstantínovich Krikaliov, ese último habitante de la estación orbital Mir mientras la Unión Soviética se deshacía, sino Viacheslav Serguiéievich Iarinenko, el habitante de la estación orbital Dom que sigue vivo mientras no se sepa el desenlace", aclara Desiderato.

El novelista, poeta y periodista argentino reconoce que "desde chico" le atrajo el Universo, "quizá por la poesía que se derrama cuando caen las estrellas o al mirarlas, y las preguntas surgían de inmediato, no las mías sino las de la filosofía y las de la ciencia: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos?, que se vinieron a sintetizar años más tarde en una sola: ¿por qué el Universo es lo que es?".

"En resumen, hay sólo esto, la Tierra; sólo esto, el Universo; esto sólo, la vida. ¿Y qué es? Un tocayo de ustedes, Calderón, lo dijo en su célebre comedia: "La vida es sueño", asegura Desiderato.

Sobre su protagonista, aclara que "es un científico, no un ingenuo. Un ser pensante, no un creyente". Por eso cuenta con el raciocinio y con la ciencia aún en su dramática situación. "Es lo único que le da certezas, a su vida y a todo, y las que no le da es porque no las hay o porque no están a su alcance".

¿Ve equiparable de alguna manera esta situación desesperada con el aislamiento obligado por la pandemia? "A excepción de sus afectos, lo único que le queda, y sólo en la memoria, quizás esté mejor Viacheslav en aquella soledad que nosotros en estas soledades", reflexiona Desiderato, prácticamente recluido desde hace un año en su domicilio de Buenos Aires.

"Habitar un planeta en el brazo inferior de una galaxia –que fuese el superior no cambia nada–, entre miles de millones de ellas, en un Universo incomprensible al que la ciencia trata poco a poco de comprender, es pura soledad", dice el escritor, que quiso indagar no solo en la mente de un cosmonauta perdido en el espacio "sino en la soledad de todo lo viviente".

Marina Estévez Torreblanca