EFEBayreuth (Alemania)

El Festival Richard Wagner se liberó de toda etiqueta en sus conciertos al aire libre, en formato de gran picnic sobre la ladera de la Verde Colina de Bayreuth, un templo wagneriano cada vez más propenso a abandonar el smoking, la corbata y el zapato cerrado.

"Son tiempos difíciles. Vivimos una pandemia, vivimos una guerra. Necesitamos fe, amor y esperanza", dijo en su saludo Katharina Wagner, biznieta el compositor alemán y directora del festival desde 2008. Hace unos años implantó la transmisión en directo de algún concierto destacado en cines de todo el país; ahora incluyó en la temporada estas galas gratuitas, precisamente bajo el título "Fe, amor y esperanza".

Ante sí, centenares de ciudadanos de Bayreuth, mezclados con visitantes wagnerianos de todo el mundo, que año a año, acuden a esa ciudad de provincias bávara donde Wagner quiso levantar el teatro ideal para sus óperas, hace siglo y medio. Esta noche el concierto no es el interior del "viejo granero", como se le apoda, sino sobre la hierba.

Acuden personas de toda edad, solos, en pareja, en familia, con sus hijos, algunos con el perro. Muchos simplemente escuchan, otros meriendan, toman una copa de vino que se trajeron en el cesto de la bicicleta o que compraron en los puestos de comida y bebida junto al escenario.

Por deseo de Katharina Wagner, el concierto incluye a compositores rusos y ucranianos -Piotr Ilych Chaikovski, por un lado, Valentin Silvestrov, por el otro-. La directora del festival rechaza excluir a músicos o solistas rusos y, a la vez, quiere expresar la solidaridad hacia Ucrania.

En esta temporada se han programado dos conciertos al aire libre y gratuitos. El primero, dirigido por la ucraniana Oksana Lyniv, tuvo lugar tras el "Tristán e Isolda" que inauguró el festival, el pasado 25 de julio; el de este martes tiene lugar en la jornada de "descanso" tras las dos primeras piezas del "Anillo del Nibelungo", el "Oro del Rin" y "La Valkiria", estrenadas el domingo y el lunes, y a la espera del "Sigfrido", el miércoles, y el "Ocaso de los Dioses", el viernes.

A diferencia del ciclo operístico del teatro, en los conciertos gratuitos no se escucha exclusivamente la música del genial compositor: se alternan piezas wagnerianas con obras de Anton Bruckner, Giuseppe Verdi o incluso del West Side Story" de Leonard Bernstein, además de los citados compositores ruso y ucraniano.

La batuta este martes corresponde a Constantin Trinks y las voces las ponen Stephan Gould -solista del del "Tristán", el "Tannhäuser" y el "Sigfrido" del "Ocaso de los Dioses"- y Okka von der Damerau -asimismo presente en tres de las ocho óperas que se representan en el teatro-.

El público no se apretuja entre las más de 1.500 butacas del teatro sobre la Verde Colina, sino que se sienta en sillas plegables, sobre mantas o la hierba. Proliferan las bermudas y las jarras de cerveza tras una jornada en que en Bayreuth se rondaron los 30 grados al mediodía.

EL CULTO A RICHARD, COMO ÚNICA ETIQUETA

"El realidad en Bayreuth hace años que no hay un 'dress code' estricto. Tampoco dentro del teatro. En la gala inaugural domina aún el smoking, pero no es obligatorio ni llevar corbata. Luego, a medida que pasan los días va imponiéndose lo más informal", comenta a Efe Hubertus Hermann, jefe de prensa del festival.

El público wagneriano más clásico, el de smoking o vestido de gala, convive sin problemas con trajes más o menos elegantes o directamente informales, alguna extravagancia e incluso algún que otro pantalón corto y chancletas, también en los estrenos en el interior del teatro.

Eso era así ya en los últimos años. Tras dos temporadas a temperaturas tórridas -en 2017 y 2019- y varios amagos de ola de calor en la presente, también en Baviera, se aceleró la liberación de la etiqueta.

En la Verde Colina son cada vez más presentes los estragos de varios veranos más secos de lo que sería habitual en Baviera. Sobre los jardines aparece la hierba cada vez más seca a medida que avanza la temporada. Para finales de agosto, cuando baja el último telón, empieza a asomar el otoño reparador.

Bayreuth es un festival elitista, en lo operístico, o hasta intolerante ante cualquier afrenta al libretto de Wagner. Al director del nuevo "Anillo", el austriaco Valentin Schwarz, le persiguen los abucheos a cada una de las transgresiones que incorpora a su producción -como la Sieglinde embarazada, aparentemente de Wotan, no de Siegmundo, de "la Valkiria-.

Pero no lo es en cuanto a comportamientos. Las salchichas fritas son el alimento preferencial en los entreactos, que además muchos aprovechan liberarse del zapato cerrado, de no haber renunciado ya a éste a favor de las sandalias, y refrescarse con el ritual "baño de pies" en un estanque vecino al teatro.

Gemma Casadevall