EFEBarcelona

El Centro KBr de fotografía de la Fundación Mapfre en Barcelona evoca en la exposición "La mirada cautiva" los orígenes de la fotografía a través de más de un centenar de daguerrotipos del siglo XIX, perteneciente al Centre de Recerca i Difusió de la Imatge (CDRI) de Girona.

El CDRI se fundó en 1997 con el objetivo de dar a conocer,proteger, fomentar y divulgar el patrimonio de las imágenes de la ciudad de Girona, así como de presentar la evolución tecnológica del objeto fotográfico, lo que implica un conocimiento de los principales procedimientos de la fotografía a lo largo de la historia.

En la actualidad su fondo está integrado por daguerrotipos, ambrotipos y ferrotipos que proceden de dos grandes conjuntos: la Colección Ángel Fuentes de Cía, compuesta por 131 imágenes de este conservador de fotografía navarro; y la de Joan Basseda Casas, un joyero y coleccionista de Vallvidrera (Barcelona), que consta de 87 imágenes.

Ángel Fuentes expandió sus conocimientos por ambas orillasdel Atlántico y se erigió como figura mundial de primer orden en el mundo de la daguerrotipia, además de ser un personaje muy vinculado a la ciudad de Girona.

En la exposición se muestra una selección de daguerrotipos de su colección, datados entre las décadas de 1840 y 1860, algunos de ellos restaurados por la Fundación Mapfre para la ocasión, y entre los que predomina el formato de cuarto de placa (8,3 x 10,8 cm) y el de sexto de placa (7 x 8,3 cm). Se exhiben además dos placas estereoscópicas de 8 x 17 cm.

La tipología de cajas daguerrianas presentes en la muestra es también diversa, ya que, como explica Joan Boadas, comisario de la exposición junto con David Iglésias, "las hay de madera con cubiertas de piel y las hay termoplásticas".

Los cojinetes internos, de seda o terciopelo, tienen como función expulsar el aire cuando se cierra dicha caja.

Además de este tipo de encapsulamiento, que es el más característico del daguerrotipo en Estados Unidos, en la exposición se encuentra también el sistema europeo o francés, que consiste en un marco abierto al estilo de los usados para las pinturas.

Según Boadas, el contenido de los daguerrotipos muestra principalmente retratos de estudio: individuales, en parejas o de grupo, casi siempre con semblante serio, y dos ejemplos de retratos post mortem -en uno la madre sostiene en brazos a su hijo fallecido-, mientras las dos imágenes en formato estereoscópico reproducen esculturas.

Se ha identificado la autoría de algunas de estas piezas gracias a las inscripciones contenidas en los marcos, pero por lo general no se conoce el nombre de los retratados, excepto cuando las imágenes llevan alguna anotación adjunta.

La exposición, que estará abierta al público hasta el 23 de mayo, se completa con objetos y utillaje vinculados a esta técnica fotográfica procedentes de la colección del Museo del Cine de Girona: una caja que contiene un laboratorio de daguerrotipo, otra en la que se guardan los distintos líquidos para el proceso de revelado y fijación de la imagen daguerrotípica o lámparas de laboratorios fotográficos.

El papel de la prensa fue determinante a la hora de valorar la importancia de un invento como el de Daguerre, capaz de hacer permanentes las imágenes "fugitivas" de la realidad visible; y todos los periódicos, incluidos los españoles, fueron publicando las noticias que llegaban de París sobre los avances del daguerrotipo desde que fue anunciado en 1839.

Mientras en otros países europeos su difusión corrió habitualmente a cargo de los daguerrotipistas, en España se interesaron por el invento jóvenes científicos en formación que entre 1829 y 1841 pusieron en práctica el procedimiento e incluso lo mejoraron.

Científicos como Pedro Felipe Monlau, Eugenio de Ochoa, primer traductor del libro de Daguerre, y el catedrático de Farmacia Juan María Pou y Camps, autor, junto a otros dos científicos más, del primer experimento del daguerrotipo en Madrid, tras el que ya se había realizado en Barcelona el 10 de noviembre de 1839.

Los retratados tenían que estar lo más inmóviles posible para no salir movidos en la imagen final; la espera podía durar hasta 25 minutos y para ello el daguerrotipista fijaba el cuello a un reposacabezas que luego no salía en el retrato. Afortunadamente, el tiempo de exposición se fue reduciendo con el tiempo a menos de un minuto.

Una idea de la popularidad del invento es que "entre 1839 y 1860 se hicieron en Estados Unidos 30 millones de daguerrotipos", apunta Boadas, aunque una minucia comparada "los más de 3.000 millones de fotos que se hacen hoy cada día con el móvil en todo el mundo".

Por Jose Oliva