EFEMálaga

En plena era de la mascarilla impuesta por la pandemia, el Centro Pompidou de Málaga da la cara con su nueva exposición temporal, que revisa desde este jueves la evolución del retrato durante los últimos cincuenta años en la fotografía y el vídeo a través de los fondos de la colección de la institución parisina.

"Dar la cara. El retrato incierto", que permanecerá instalada en Málaga hasta el 11 de abril de 2021, cuenta con más de 120 obras de fotografía y nueve piezas de vídeo de veintiséis artistas entre los que se encuentran Thomas Ruff, Gilbert & George, Cindy Sherman o Suzanne Lafont.

Como ha señalado en videoconferencia desde París el presidente del Centro Pompidou, Serge Lasvignes, esta muestra supone "una ironía" en unos momentos en los que no podemos vernos completamente debido a las mascarillas y permite "tomar conciencia de la importancia de los rostros".

La exposición demuestra además "el carácter multidisciplinar" de la colección del Pompidou, según Lasvignes, que ha resaltado que las dificultades por la pandemia no han hecho "bajar los brazos" a los responsables de los centros de París y de Málaga, y la inauguración este jueves supone "un homenaje a sus equipos, que han seguido luchando".

En términos similares se ha pronunciado Florian Ebner, jefe del gabinete de Fotografía del Pompidou y uno de los comisarios de la muestra, que ha calificado como "un desafío" su instalación en la situación actual.

Esa muestra, ha añadido Ebner, pretende "hacer un acercamiento a los últimos cincuenta años de reinvención de este medio del retrato por parte de muchos artistas".

Junto a la otra comisaria, Marcella Lista -jefa del departamento de la colección New Media del Pompidou, Ebner ha dividido los fondos expuestos en siete secciones, la primera de ellas titulada "Walk on the wild side", en alusión a la canción escrita por Lou Reed en 1972 que se convirtió en una llamada a la subversión de los códigos dominantes

En esos años surge la cultura "underground", con la "performance" entre sus manifestaciones, los artistas encuentran una manera de distorsionar el autorretrato clásico y llevan el retrato a un espacio de emancipación en el que no hay certezas.

Las siguientes secciones son "El final del retrato psicológico", sobre la etapa en que, a principios de los 80, el rostro se convierte en una superficie opaca por descodificar, y "Como un cuadro", una idea de la fotografía equiparada a una pintura que se desarrolla con el posmodernismo durante los años 80 y 90.

En "Una inquietud cultural" se aborda cómo, desde sus inicios, la fotografía aspira a atrapar la vida y conservarla para la posteridad, pero este aspecto del retrato también se puede invertir, dotando al ojo mecánico del poder de animar los objetos inertes.

El recorrido continúa por "Manifiestos de lo íntimo", donde se agrupan artistas que convierten la fotografía en una herramienta para reclamar otra forma de vida y autores que tratan la relación entre el artista y sus modelos, y por "Pasiones y personajes", que se centra en cómo, desde la antigüedad, el estudio de las emociones que animan el rostro humano ha inspirado una larga tradición figurativa.

La séptima y última sección de la exposición tiene el título "Editar la sociedad", que evoca un texto de 1931 en el que el fotógrafo estadounidense Walker Evans rinde homenaje a la obra del alemán August Sander, quien, a través de sus retratos, reflejó la vida cotidiana de la sociedad durante la república de Weimar.