EFEBarcelona

Muchos están descubriendo durante el confinamiento por el coronavirus unas habilidades culinarias hasta entonces inexistentes, pero el cine gastronómico quizá despierte nuevas vocaciones a través de películas como "El festín de Babette", "Vatel", "Como agua para chocolate" o "Julie y Julia".

Libros de cocina hay miles, pero los que no tienen interiorizado el hábito de la lectura, que son legión, quizá se aproximen al arte de cocinar con ayuda del cine, y eso es lo que proponen desde el CETT, centro universitario de turismo, hostelería y gastronomía adscrito a la Universidad de Barcelona.

Los expertos del CETT abren la lista con la que consideran la "Ciudadano Kane" de las películas gastronómicas, "El festín de Babette" (1987), basada en un relato de Karen Blixen, que describe cómo era una cena de alta cocina francesa a finales del siglo XIX.

En esa decena de filmes propuestos destacan clásicos como "Vatel", con un inconmesurable Gerard Depardieu en la piel del maestro de ceremonias y cocinero francés François Vatel, inventor de la famosa crème chantilly, la nata montada de nuestros días; "Como agua para chocolate", "Comer, beber, amar", de Ang Lee, "Julie y Julia", de Nora Ephron, con Meryl Streep en el papel de la mítica cocinera Julia Child, que enseñó la cocina francesa a sus compatriotas.

Otras propuestas son menos conocidas pero no por eso igual de estimulantes como "Un viaje de 10 metros", situada en el sur de Francia, donde se produce un duelo entre un restaurante con estrella Michelin y otro que acaba de abrir una familia de emigrantes de la India; la griega "Un toque de canela" o la italiana "E il cibo va", que descubre el viaje de la cocina italiana a Estados Unidos o Argentina de la mano de los emigrantes que partieron desde finales del siglo XIX.

El libro "Cine a la carta", de Helena García Ulldemolins y Pablo Mérida, ofrece más pistas para los futuros cocinillas cinéfilos y sitúa títulos como "La grande bouffe", "Viridiana", "The party" o "La leyenda del indomable" (Cold Hand Luke) en la que Paul Newman degulle un sinfín de huevos duros, como precursoras del cine gastronómico.

Para Pablo Mérida, "El festín de Babette" marcó un antes y un después en la asociación entre cine y gastronomía en 1987, pues a partir de entonces se sucedieron "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante", de Peter Greenaway, "El chef enamorado", "Deliciosa Marta" o las españolas "Fuera de carta" y "Dieta mediterránea".

En ese mismo libro, los autores se adentran en otras cinematografías/gastronomías más exóticas de la mano de "El olor de la papaya verde", la iraní "A través de los olivos", "Kandahar", "Un toque de canela" o "Caramel"

Para los que el confinamiento se les haga largo, el libro "Cocinar de cine", de dos hermanos, el cocinero Xabier Gutiérrez y el cineasta Juan Miguel Gutiérrez, amplía aún más las perspectivas para poder "cocinar de película" en un paseo por 54 películas.

Es el propio Xabier Gutiérrez el que elabora las recetas inspirándose directamente en las películas como un caldo frío de cebolla para una gelatina que le sugiere la famosa escena de Charles Chaplin en "La quimera del oro" en la que se come una bota de cuero, con sus clavos y sus cordones degustados como si fueran espaguetis.

Del documental "Super Size Me" salen unas albóndigas planas; "El hijo de la novia" sugiere en la mente del chef un tiramisú de Idiazábal; y "El silencio de los corderos" da lugar a un plato de atún rojo.

Como ya hiciera el productor audiovisual y crítico gastronómico Pepe Barrena en su libro "Comer de cine", el espectador confinado puede también escudriñar las secuencias gastronómicas de títulos como "Ángel", de Ernst Lubitsch, o "La boda de mi mejor amigo", con Julia Roberts, o la animada "Ratatouille".

Un ejercicio de memoria aún puede traer al recuerdo joyas de ese cine trufado de gastronomía como "El padrino", "Entre copas", "El gatopardo", "El guateque", "Chocolat", "Bon Appétit", "Sin reservas", "La cocinera del presidente" o "El chef, la receta de la felicidad".

Por Jose Oliva