EFELisboa

Comenzaron hace dos años y medio y trajeron la revuelta LGTBI al conservador género del fado en Portugal, con nuevas letras, maquillajes coloridos, tacones y ropa llamativa. Son Fado Bicha, un dúo formado por Thiago (Lila Fadista) como cantautor y João Caçador a la guitarra.

Fado Bicha es un proyecto "musical y activista al mismo tiempo", explica Lila. "Es un lugar que nosotros creamos en el fado tradicional para tener libertad de experimentación", añade.

Los casi dos metros de altura de Lila no son inconveniente para que se calce un par de tacones de aguja que retumban en la cafetería lisboeta donde se realiza la entrevista con Efe y a la que acude maquillado con una explosión de azul y amarillo en sus ojos y vestido con un abrigo de leopardo -de piel falsa, aclara-.

Joao, también sobre unos imponentes tacones, retoca sus labios con un llamativo color morado -a juego con su sombra de ojos- antes de la conversación.

"Bicha", explican, es un término considerado "fuerte" en portugués y ofensivo para los homosexuales que son percibidos como afeminados, "con lo que quiera decir eso", apostilla Joao. "Nosotros subvertimos el término", precisa.

Su fado "queer" comenzó cuando Joao -formado en música y guitarra eléctrica- empezó a frecuentar casas de fado y vio por casualidad un directo de Lila, que, por su parte, estudió psicología y se formó en teatro experimental durante nueve años.

"Dos semanas después nos encontramos en un bar, empezamos a charlar y quedamos en hacer un ensayo, ahí comenzó Fado Bicha", rememora nostálgico Joao.

Tras dos años y medio se han consolidado en Lisboa y han pasado por escenarios de Francia, Luxemburgo, Bélgica y España.

A la hora de componer escogen un fado tradicional y alteran la letra; reescriben por completo los versos de una melodía o buscan canciones casi olvidadas compuestas por poetas "no heterosexuales", relata Lila.

El dúo reafirma sus valores a través de la estética y la puesta en escena, consolidada cuando una amiga "drag" de Lila le ayudó con el maquillaje.

Su proyecto, recibido con los brazos abiertos por la comunidad LGTBI en Portugal, también ha cosechado interés académico: "Nos han invitado a muchas universidades y colegios para hablar sobre Fado Bicha", reconoce João.

En esas charlas contra el bullying y sobre la construcción de género en los institutos, los cantantes afirman haber visto en las nuevas generaciones los mismos problemas que tuvieron ellos.

Desde muy temprano, las personas de la comunidad LGTBI aprenden a relacionar su sexualidad "con la violencia, con el abandono, con la baja autoestima", lamenta el guitarrista.

Fado Bicha, que acaba de lanzar una campaña de crowdfunding para financiar su próximo disco, solo ha aparecido una vez en un programa de televisión y fue suficiente para animar a un joven espectador a hablar de su homosexualidad y del "tabú" impuesto en su familia.

"Él y su padre -que también estaba viendo la televisión- se dieron la mano y se miraron emocionados a los ojos sin decir nada", desvela el cantante, tras escucharles interpretar "De costas vontadas" (espalda con espalda), un fado que habla del rechazo familiar a los miembros LGTBI.

Pero su repertorio toca también otros asuntos, como "O sem precedente" (sin precedente), dedicado la diputada del nuevo partido luso Livre, Joacine Katar Moreira, la primera mujer negra que lideró una candidatura parlamentaria en el país.

Reflexivos sobre el "heteronormativismo" de Portugal en comparación a otros países, João sostiene que "hay muchas realidades", pero tacha a la sociedad lusa de "conservadora recatada".

Un tipo de conservadurismo que "conocen y han visto de cerca", admiten mientras se bajan de los tacones y se enfundan en coloridas sudaderas.

Joao insiste en que hay violencia "homofóbica, transfóbica y bifóbica", aunque "menos física y mortal" que en otros países, acota.

El problema no se limita a Portugal: "La respuesta más honesta que puedo decir es que no conozco una sociedad que no sea heteronormativa", reconoce Lila. "Lo que me interesa es observar la realidad en la que vivo y ver cómo puedo tener un papel positivo en ella", concluye.

Ana Santillana