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Apodado por algún periodista como "el Leonardo Da Vinci del hip hop español", el polifacético rapero Bejo muestra estos días algo más de su particular universo creativo con la primera gran exposición de su obra pictórica: estallidos de color que igual retratan a su abuela que un pene o un beso de lenguas serpenteantes.

"Me gusta intentar dar lo más personal de mí y distinguirme. Siempre me gusta ir a contracorriente o poner en entredicho cosas que se suponen que son así", ha explicado el artista a Efe este lunes ante la exhibición que ya puede verse en el Matadero de Madrid después de dos intentos frustrados, uno por el primer confinamiento por covid-19 y otro por la reciente nevada en la capital española.

De hecho, el sol pelea por derretir las aún gruesas capas de hielo que rodean las calles adyacentes a esta muestra que, casualmente, lleva por título "El (H)Arte" y que arranca a modo de sentencia con el chiste que su padre solía repetirle: "El arte es morirte de frío, todo lo demás son conjeturas".

Es la misma broma que Borja Jiménez (Tenerife, 1994), también conocido como Borja Buche o simplemente como Bejo, recreaba hace años en una de sus canciones, "Helarte", a cuyo inicio se reía de profundas y sesudas divagaciones culturales. El motivo de recuperarlo, explica, ha sido expresar la unión entre dos de las facetas de su vida creativa.

Así, es posible distinguir algunos cuadros que tienen que ver con su música, por ejemplo la portada de su disco "Parafernalio" (2018), que está expuesto. Otros los hizo en paralelo con alguna canción, como "Corazón tripartito", que también se exhibe en la muestra, con su corazón dividido en tres pedazos.

Entre la producción de este artista que siempre ha ido "probando sin conocer mucho" hay sobre todo obra con rotulador, algunas piezas más acrílicas y una única cerámica.

"Pocas veces boceto. Empiezo con un ojo, una nariz... Es como un juego, me dejo llevar a partir de un patrón similar y, depende de cómo me sienta, varía el color y sale más festivo, otros tienen temas más amorosos", explica ante escenas de fuerte cromatismo en las que predominan rostros descompuestos a la manera cubista y el beso como motivo icónico reiterativo.

En su obra está muy presente la sexualidad (no en vano escogió un pene como logotipo de toda su obra, incluidas las prendas que diseña y vende) y también se repite la presencia de pequeños hombrecillos que le dan a cada cuadro un significado concreto: como manifestación de los distintos yoes, como llamada de socorro ante alguien más grande...

Su Canarias natal está asimismo presente a través del mar, de algún personaje "con look guanche", de arena negra y volcanes en erupción, además de por algún que otro "pescadito".

"Siempre me ha gustado hacer un poco de todo. En el instituto cogía una libreta y me ponía a dibujar y tengo la suerte de que con la música me está yendo bien; quería aprovechar para mostrar un poco más de mí, pero no es que yo dijera de un día para otro: 'Voy a ser pintor'", cuenta.

Sin formación musical ni en Bellas Artes, todos sus escarceos culturales han sido más fruto de la intuición y la curiosidad. "Un día escuché rap, me gustó y empecé a grabarme con un colega. Lo de la pintura fue igual".

"Me presenté al coro del colegio y no me cogieron, así que cosas institucionales, pocas", insiste este canario que gusta de transitar por senderos alternativos. "Hago un poco de todo, pero no soy sabio de nada", resume.

Incansable, el pasado verano editó su último disco de larga duración, "Chachichacho" (2020), pero esta misma semana ya daba a conocer nuevas canciones como "La dieta". Anticipa, además, que ya hay preparado "bastante material" que verá la luz en 2021 junto a su otro proyecto musical, Locoplaya, que integra junto a Uge y Don Patricio.

"Trabajando duro, como tiene que ser. Hago las cosas muy a mi bola, como la música, que a menudo la grabo en casa, porque no me gusta tener jefes. Soy muy exigente conmigo mismo, pero no me gusta ni que me manden ni tampoco mandar a los demás", concluye.

Javier Herrero