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"El lago de los cisnes", una obra maestra del ballet clásico que cumple 123 años, ha ahuecado sus plumas esta noche en el Real con la versión rigurosa, gótica y creíble que acaba de hacer el Royal Ballet, que ha vuelto al teatro madrileño, tras 20 años ausente, con una propuesta de absoluto "amor y lujo".

El Royal Ballet, que ha estado en el Real solo una vez, en 1997, con "La bella durmiente", estrenó su nueva versión de la coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov y música de Tchaicovsky hace dos meses en el Covent Garden, en Londres, y Madrid se convierte en la primera ciudad donde se presenta fuera del Reino Unido.

Con la Orquesta Titular del Teatro Real en el foso y el director musical del Royal Ballet, Koen Kessels, al frente, y las dos grandes estrellas de la compañía, la argentina Marianela Núñez y el ruso Vadim Muntagirov, como protagonistas, la propuesta ha sido acogida con aplausos clamorosos no solo al finalizar las tres horas de representación sino en cada pieza, cuadro y solo.

Los nuevos vientos que dan aire a sus plumas, igualmente majestuosas -algunos medios británicos estimaban en un millón de libras el presupuesto-, han encantado al público que ha aplaudido a rabiar una obra a la que le ha "estirado las arrugas" el joven Liam Scarlett (1986).

Scarlett, coreógrafo residente del Royal Ballet desde 2012, explicaba que estuvo tres años preparando la revisión de la obra, es decir, tiempo suficiente "para hacer una larga investigación" que le permitiera hacerla más "creíble" y despertar así el interés de las nuevas generaciones por el ballet clásico.

Ya prometía el elenco en la rueda de prensa de presentación que el público se llevaría una "maravillosa sorpresa" ante esta "superproducción", que más que ser fiel al original lo que pretende es ser "verdadera", respetando sus pasajes coreográficos de amor y traición, y llevando al público con maestría por su noria de emociones en medio de una profusión "imperial" de cristales, brocados, mármoles y purpurinas.

Scarlett ha visto vídeos, todas las producciones que ha podido, archivos, libros, las notas de Frederick Ashton, autor de la "Danza Napolitana" del tercer acto... "todo lo que ha funcionado, lo que ha pervivido" para acompañar cada movimiento coreográfico de sentido narrativo.

"¿Por qué el príncipe está meditabundo? ¿Por qué ella está siempre contenida? ¿Por qué es tan malo Von Rothbart?", son algunas de las preguntas a las que ha querido dar respuesta, incluyendo sus propias aportaciones, sobre todo en los actos primero, en el que ha dado un inusitado protagonismo al personaje de Benno, y cuarto.

Así, ha decidido que el malvado hechicero Von Rothbart tenga ahora un sitio en la corte, lo que le da "algo más" de sentido a su sorpresivo papel en el acto III, y que Sigfrido empiece su papel transido de tristeza, conocedor de la muerte de su padre y consciente de que le espera la corona y el matrimonio con alguien que no conoce.

"El lago de los cisnes", primera partitura de ballet de Tchaicovsky, se convirtió no solo en la pieza coreográfica maestra que es sino también en un referente de la cultura popular gracias a la música sublime del ruso y a los contrastes coreográficos entre las escenas del palacio real, creadas por Petipa, y las del lago, de Ivanov.

La nueva producción está basada en el ballet original aunque acentúa la fantasía gótica de algunos de sus cuadros más célebres y aporta escenas impactantes como la aparición/desaparición del comienzo.

Entre las novedades destaca la recuperación de los tutús de plato para los cisnes, frente a los largos de tul, con diseños de John Macfarlane, que no ha ahorrado brillos y repujados ni a intérpretes ni a escenas.

Núñez (San Martín, 1982), que lleva dos décadas en el Royal Ballet, interpreta al cisne blanco, Odette, y al cisne negro, Odile, con la exigencia física que requiere el extenuante doble papel, que combina con una expresión grácil y de aparente facilidad, como si no le costara esfuerzo.

Los pasos son los mismos, pero la energía y la actitud que tiene que imprimir a cada uno son completamente diferentes, según explicaba sobre el doble papel, que incluye los "infernales" 32 "fuettes" -giros que se hacen sobre una punta estirando y encogiendo en la horizontal la otra pierna-.

Muntagirov (Cheliabinsk, 1990), en la compañía desde 2014, ha reconducido el personaje de Sigfrido y ha asumido con naturalidad todas las indicaciones sobre la "psicología" del personaje, al que ha dotado de una nueva humanidad mientras bailaba con la técnica que hacen de él uno de los mejores bailarines del mundo.

Concha Barrigós.