EFEBerlín

El minimalismo del surcoreano Hong Sangsoo sedujo a la Berlinale, en una jornada volcada en la mujer, tanto por parte de quien acudía como primer representante del cine asiático a concurso como del que planteaba, procedente de EEUU, un alegato en favor del aborto legal

"The woman who ran" -"Domangchin Yeoja", en su título original- brindó 77 minutos de conversación entre cuatro amigas, plagados de sutilezas e ironías, en un Seúl raramente sosegado. "Es un título que expresa un sentimiento. Todas las mujeres de mi filme huyen de algo, de las presiones o de la insatisfacción", explicó Hong.

De acuerdo con la señal de identidad de este director, cada imagen, cada frase responde a un propósito concreto. Sea en una cortés pero implacable discusión entre vecinos, con un gato de protagonista, o en las variaciones sobre idénticas preguntas que se lanzan entre sí las vecinas y amigas.

Cuenta con una merecida complicidad del espectador, que adivinará cada una de las ironías o chistes segundos antes de verlos en pantalla.

Parte de una mujer -Kim Minhee- que visita a sus amigas aprovechando un viaje de negocios de un marido del que no se había separado ni un día en cinco años. Cada una de ellas estará viviendo su propia separación, radical o no, todas ellas en viviendas perfectas donde nunca entró ni entrará una mota de polvo.

"Me acerco tranquilo a las cosas. Hago que las cosas se acerquen a mi trabajo, que vengan a mi", explicó Hong. Con más de 24 filmes a sus espaldas, fue presentado ante los medios del festival como un histórico en la casa. La Berlinale parecía ansiosa por destacar que había descubierto su cine -como el otros surcoreanos- antes de que Hollywood se volcara en el "Parasitos" de Bong Joon-ho.

Hong debutó ya en 1996 en la sección Forum con "El día que un cerdo cayó al pozo"; su última incursión a concurso fue en 2017, con "En la playa sola de noche ", Oso de Plata a Kim Minhee.

Ahora regresó con una película sin apenas rostros masculinos, donde cada minuto cuenta y cada secuencia está medida al milímetro.

ALEGATO SILENCIOSO POR EL ABORTO EN EEUU

El siguiente exponente de cine volcado en la mujer fue "Never Rarely Sometimes Always", de Eliza Hittman. Una película que retrata el viaje de una adolescente embarazada -Sidney Flanigan- desde Pennsylvania a Nueva York.

Le acompaña su prima -Talia Ryder- cajera de supermercado como ella, quien expresará en gestos clave y sin aspavientos, su solidaridad, en un viaje cuyo destino es una clínica abortista.

Hittman, cineasta surgida del festival Sundance, traza un road movie hecho con pocas frases y con una escena que se clavará en el espectador: el rostro de Flanigen mientras responde al cuestionario preceptivo para proceder al aborto.

Las preguntas van de lo sencillo -nombre, edad, cuándo tuvo sexo por primera vez, cuántos hombres se ha acostado en los últimos meses- a lo doloroso -fue sexo consentido, se sintió alguna vez intimidada, ha sufrido alguna vez violación-. Deberá responderlas con los cuatro adverbios del título -"nunca", "raramente", "a veces", "siempre"-.

Cine duro, en un Nueva York donde sí es posible el aborto legal para una menor, pasadas las diez semanas de embarazo y en clínicas atendidas por doctoras y asistentes amables. Ilustrativo de lo que es ese mismo trauma para mujeres que no tienen al lado de una prima o amiga, en lugares donde el aborto está prohibido.

CUENTOS CRUELES EN UN TÓRRIDO VERANO ITALIANO

Fue una jornada a concurso intensa, completada por "Favolacce", de Fabio y Damiano D'Innocenzo, que acudían a la Berlinale en formato "hermanos Coen italianos", con cuentos brutales.

Sus protagonistas son niños, hijos de padres frustrados, laboral y humanamente. Los adultos parecen empeñados en hacer de ellos clones de su brutalidad y obsesiones sexuales. A la constelación se une un maestro resentido, que pervierte o libera, según se mire.

"No es una venganza generacional", respondió Fabio D'Innocenzo, respecto a la respuesta de esos niños a los imperativos adultos. Son personajes "como los que vemos en la realidad", "adultos con un monstruo en su interior, a punto de estallar", en palabras de Elio Germano, uno de los padres de la película.

Germano había deslumbrado ya en esta Berlinale en "Volevo Nascondermi", centrada en la figura del pintor Antonio Ligabue. Si ahí interpreta a un ser condenado a la marginación social, desde su condición de discapacitado, en el filme de los D'Innocenzo es la mecha incendiaria de un tórrido "ferragosto" italiano.

Gemma Casadevall