EFEValladolid

La desviación de la norma en forma de incorrecciones, irreverencias e incluso errores cobra en los genios carta de naturaleza como expresión de originalidad, un gesto de singularidad que también lució el escultor renacentista Alonso Berruguete (1490-1561), protagonista de una exposición en Valladolid.

En el caso del retablo de la Epifanía, núcleo de la exposición inaugurada este miércoles en el Museo Nacional de Escultura, adquiere incluso tintes de rareza por la forma de concebir y distribuir las esculturas y relieves de ese conjunto que habitualmente se conserva en la iglesia de Santiago, en Valladolid.

"Rompió el piso central del retablo, su arquitectura, para dotarle de una atmósfera teatral, escénica en torno a la imagen central, una Epifanía (Adoración de los Magos) llena de tumulto", ha explicado el historiador Manuel Arias, subdirector del museo y coordinador se esta exposición que permanecerá abierta hasta el 19 de abril.

A escala humana, a la altura de los ojos, el visitante podrá contemplar a escasos centímetros "una pequeña joya de la producción de Berruguete y muy difícil de catalogar en el muestrario de uno de los pintores y escultores esenciales en el siglo XVI y me atrevería a decir que en la historia del arte en España", ha apostillado.

Lejos de la grandilocuencia de la sillería del coro de la catedral de Toledo y del sepulcro del Cardenal Tavera, en esta misma capital, el hijo de Pedro Berruguete sumó en la Epifanía la rareza de incluir imágenes profanas o representaciones de personas que no eran religiosas, algo inusual en su obra.

Tal vez por esta razón no fue hasta 1913 cuando se confirmó su autoría gracias a la investigación del arquitecto y cronista de Valladolid Juan Agapito Revilla, quien la documentó con el contrato del banquero que se lo encargó, ya que hasta entonces se atribuyó al entorno de Juan de Juni.

Fechado en 1537, el banquero Diego de la Haya ajustó en seiscientos ducados el retablo encargado al escultor nacido en Paredes de Nava (Palencia) para su capilla funeraria y la de su esposa Catalina Barquete, cuyos dos hijos casaron con las nietas de Alonso Berruguete, "lo que da idea de la consideración social del artista, que entroncó con la familia de un hombre adinerado".

En madera policromada, cinceló al hombre de negocios y a su esposa en actitud orante, respectivamente acompañados de San Juan Evangelista y San Juan Bautista, "una rareza en la producción de Berruguete, en la que apenas hay representaciones civiles o profanas", ha apuntado Manuel Arias, uno de los principales especialistas en imaginería barroca.

La exposición muestra una docena de esculturas y relieves, todas menos el conjunto central de la Epifanía, que en la actualidad recorre Estados Unidos en otra exposición itinerante que ha recalado en la National Gallery of Art (Washington) y en breve lo hará en el Meadows (Dallas).

Todas ellas han sido desmontadas de su emplazamiento original, la iglesia de Santiago (Valladolid) y rehabilitadas en el Centro de Restauración de Bienes Culturales de la Junta de Castilla y León.

"El retablo del banquero" cuenta con el complemento de un documental sobre la figura de Alonso Berruguete y su trayectoria en España e Italia, producido por los museos National Gallery of Art y Meadows con el apoyo de la Embajada de España en Estados Unidos.