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El camino de destrucción de la naturaleza y por ende de la humanidad, ante el que puede existir un atisbo de esperanza, vertebran "El ocaso de los dioses" en el montaje que llega el 26 de enero al Teatro Real para cerrar la tetralogía wagneriana de "El anillo del Nibelungo", iniciada hace cuatro años, y presentada hoy a la prensa.

Bajo la dirección musical de Pablo Heras-Casado y con escenografía de Robert Carsen, esta propuesta se representará durante nueve funciones (hasta el 27 de febrero) como fin de un ciclo que supone ya en sí mismo un reto "casi inabarcable" en circunstancias normales por la complejidad de estas óperas -esta en concreto dura cinco horas y quince minutos- y lo es todavía más en plena pandemia.

"El ocaso de los dioses" es la cuarta ópera épica que compone "El anillo del Nibelungo", para el que Richard Wagner se basó en la mitología germana medieval. Las tres primeras son "El oro del Rin", "La Valquiria" y "Sigfrido".

Para esta representación, que se ha extendido durante cuatro años, se han mantenido los mismo intérpretes, algunas de las voces wagnerianas más reconocidas, para los papeles principales: Sigfrido (Andreas Schager), Gunther (Lauri Vasar), Alberich (Martin Winkler) y Brunilda (Ricarda Merbeth).

Para Heras-Casado, dirigir el coro y orquesta titulares del Teatro Real, junto a este elenco de grandes voces wagnerianas, ha sido el proyecto "más importante" de su vida, ha dicho hoy.

"Hemos llegado aquí con una orquesta con la que hemos podido crecer artística y profesionalmente y un reparto que no podía ser mejor, el mismo desde el inicio de la tetralogía, para la ópera más compleja que uno se pueda imaginar", ha afirmado.

Los músicos tienen ahora que afrontar retos como el de coordinarse y escucharse manteniendo en lo posible la distancia de seguridad, lo que llevará a la orquesta a ocupar, además del foso, ocho palcos a ambos lados del escenario.

La estructura de la obra se asemeja a la de las tragedias griegas y en ella, el desarrollo musical camina en paralelo al devenir del drama, convirtiendo a la orquesta en una especia de personaje o coro que anticipa, explica o narra la acción.

"Creo que actualmente ningún teatro pude presumir de planificar nueve funciones del "Ocaso", ha sentenciado su director junto al director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, que ha programado nueve funciones de cada una de las cuatro óperas que componen "El anillo del Nibelungo" con la intención de que la propuesta llegue al mayor número posible de espectadores.

LA NATURALEZA COMO "LEITMOTIV" WAGNERIANO

Cuando el director de escena Robert Carsen concibió hace veinte años una escenografía para la Ópera de Colonia centrada en la destrucción de la naturaleza como representación del abismo al que se abocaba la humanidad no podía imaginar que iba a acabar siendo "por desgracia, cada vez más pertinente", ha asegurado por su parte.

La metáfora ecológica de Wagner, para el que la naturaleza era un asunto importante, está presente en las advertencias de la diosa de la Tierra y en el Rin, las aves, y el contraste "con el desastre" del papel de Gunther y la construcción del palacio.

"El mensaje es que hay un peligro de destrucción", afirma el director de escena, para el que el "leitmotiv" del anillo" es "una promesa de nuevo comienzo", una esperanza de frenar, si se traslada al peligro que más acecha en nuestros días, el cambio climático.

Cuando escribió el libreto y la música (una tarea que le ocupó 26 años para las cuatro óperas), Wagner quería hacer una crítica a la revolución industrial del siglo XIX y usaba la destrucción de la naturaleza como metáfora, "pero ahora es el tema, se ha literalizado", ha coincidido por su parte Matabosch.

El Teatro Real completará, en estas funciones, la grabación audiovisual de "La Tetralogía" para su distribución internacional y emisión en My Opera Player.

Marina Estévez Torreblanca